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EL REGRESO DE ELÍAS - Capitulo 2 - Sistema de Valores

Publicado Abr 11, 2012 por Adrian Ebens En El regreso de Elías
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Capitulo 2 – Sistema de Valores

A. Mi Hijo amado

Corríamos por la autopista a una velocidad mayor que la normal. Las contracciones de Lorelle se habían convertido en un patrón bastante regular. No queríamos ser sorprendidos, así que corrimos hacia el hospital. Todo era muy nuevo y emocionante; pronto tendríamos nuestro primer hijo. Caminamos hacia la sala de partos lo más rápido que Lorelle podía andar. La enfermera nos echó un vistazo y dijo: “Están demasiado felices. Deben dar un paseo”. Bueno, eso nos aguó la fiesta. Regresamos 45 minutos más tarde y ahora Lorelle ya no sonreía. Otros 30 minutos y regresamos justo en la mitad de la labor de parto. Labor, sí, no hay otra palabra para describirlo, labor, dura labor. Tratamos de recordar todas las técnicas de las clases prenatales, pero era difícil mantener la concentración. Esas contracciones golpeaban como un tren de carga que viene de frente. En cuanto habíamos lidiado con una, la siguiente venía directamente sobre nosotros. Finalmente, después de 11 horas, recibimos a nuestro primer hijo, Michael.

Hay una foto muy interesante de Lorelle y yo, justo después de que ella había dado a luz. Es absolutamente increíble. Ella está sentada allí, radiante, como si aquél hubiese sido un día normal de trabajo, y yo estoy tambaleándome en la brisa como si estuviera a punto de desplomarme. Desde ese día he desarrollado un respeto nuevo y profundo por la mujer. Debo decirles, señoras, que ver a la esposa de uno dar a luz es un trabajo muy duro. Cuando hayan terminado de reír, voy a terminar de exponer mi punto. J El estrés emocional de ver a la persona que uno ama pasar por tanto dolor es increíble. Nosotros, los hombres, usualmente tenemos una solución para cada problema, pero yo no tenía respuestas en este momento y me dolió. Solamente pude orar: “Dios, sé que hay una razón para todo este dolor, pero ahora mismo no puedo verlo claro”. Hombre, me alegré cuando todo terminó.

Cuando tuve a mi hijo en mis brazos por primera vez, fue un momento eterno. Lo miré a los ojos y el me miró directamente y fue magia. Mientras continuaba mirándole con asombro y admiración, un profundo sentido de temor se apoderó de mí. Yo sabía que mi hijo estaba sellado con la misma naturaleza que yo, una naturaleza que en qué está implantada la mentira de la serpiente, que tenemos un centro en nosotros mismos y que podemos hallar valía en nuestros logros. Yo sabía que tenía la responsabilidad de guiar aquella voluntad y adiestrarlo para que aprendiera dónde ha de hallarse la verdadera fuente de la vida, para que liberara en él el verdadero amor, la bondad, la abnegación y la obediencia. Después de todo esto, me pregunté: ¿Llegará a ser mi amigo? ¿Podrá ese deseo natural de hallar un centro en sí mismo interponerse entre nosotros y separarnos? Ahí mismo oré: “Oh, querido Padre que estás en los cielos, no dejes que nada se interponga entre mi hijo y yo, que siempre podamos estar unidos, y te pido que él llegue a saber quien soy y a ser mi amigo”. La intensidad de esa oración sigue conmigo hoy día. Yo la siento con frecuencia, y aun la pronuncio, creyendo que Dios la hará una realidad.

Cuatro años más tarde estaba pasando un sábado tranquilo caminando y hablando con el Señor, lejos del ajetreo y el bullicio de la vida. Pensaba en mi Padre celestial y su amor por mí y lo precioso que ese amor es. De repente, vino a mi mente un recuerdo del nacimiento de mi hijo, y volví a vivir ese deseo intenso de no estar separado de él nunca y de que él realmente me conociera. La escena pasó y, en la quietud, oí una vocecita en lo profundo de mi mente que me decía: “Así me siento yo hacía ti”. Yo no sabía si reír o llorar y me parecía increíblemente difícil de aceptarlo. “Pero Señor”, le dije, “ya sabes cómo soy, sabes que he hecho y dicho muchas cosas malas”, y así seguí luchando. Saben, yo estaba realmente sorprendido de mi mismo. Soy un hombre que ha aceptado a Cristo como su Salvador y cree que sus pecados le han sido perdonados, pero cuando Dios vino a mí tan de cerca, y me dijo lo que él siente por mí, fue difícil de aceptar. Finalmente sólo exclamé: “Oh, gracias, gracias por amarme y gracias por todo lo que has hecho por mí. Te amo mucho”. En un sentido muy real sentí como si él me estuviese estrechando en sus brazos. No podría haber sido más feliz. Me daba cuenta de que mi Padre celestial me ama tanto que él no quiere que nada se interponga entre nosotros, le duele pensar que podríamos ser separados y está haciendo todo lo posible para evitar que eso no suceda jamás.

B. El sistema de valores celestial es revelado en los pensamientos amorosos de Dios hacia nosotros

En esta experiencia, los privilegios maravillosos de ser parte del reino de Dios me fueron revelados al nivel de mi corazón. Poco después de esta experiencia, fui dirigido a algunos pasajes en la Biblia que realmente abrieron mis ojos y me motivaron a alabar a Dios aun más. Yo oro para que el significado de este texto arda en el corazón de usted y nunca le abandone. He aquí una ventana abierta de par en par sobre el reino de Dios:

¿No se venden cinco pajarillos por dos moneditas? Y sin embargo, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. "Es más, aun los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. No teman; ustedes valen más que muchos pajarillos. (Lucas 12:6, 7, NBLA).

Jesús está explicando los principios de su reino. En estos versículos tenemos una fórmula de lo que hace a las personas importantes en ese reino. Lo que hace que sean tomadas en cuenta, lo que las hace dignas, lo que las hace valiosas. Fue este texto combinado con la experiencia del nacimiento de mi hijo los que me hizo ver claro que mi centro verdaderamente estaba en mi Padre celestial. Yo había creído eso mentalmente durante años, pero todo mi conocimiento de la Escritura no había penetrado totalmente en mi sistema de valores basado en el rendimiento[1] hasta ese entonces. Ahora empezaba a tener una visión más clara de los verdaderos problemas que enfrenta la raza humana.

Jesús declara el valor de dos gorriones en términos humanos. La palabra monedita es en realidad assarius[2] [una moneda romana de poco valor]. Un assarius era igual a un día de salario para una persona promedio. Con dos assarius se podían comprar cinco gorriones. Así que en un sentido terrenal, estos gorriones tienen poco valor. Entonces Jesús establece un contraste y dice: “Sin embargo, ninguno de ellos está olvidado por Dios”. El contraste aquí[3] es que puesto que Dios  se acuerda de los gorriones, ellos son muy valiosos en el reino de Dios. Jesús amplia este principio al comparar cuánto piensa Dios en nosotros en comparación con los gorriones. “De hecho, los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”. Si eso no es ser ‘franco, de cerca y personal’ entonces ¿Qué es? ¿Conoce usted a alguien que quiera saber tanto de usted que incluso supervisa el número de cabellos en su cabeza? Luego viene el remate: “No teman; ustedes valen más que muchos pajarillos”. ¿Puede usted ver como se obtienen el valor y la importancia en el reino de Dios? Se obtienen simplemente al reconocer que Dios piensa en nosotros amorosa y continuamente.[4] Indiscutiblemente piensa en nosotros. Él nos da la vida, haciendo latir nuestros corazones, derramando activamente su amor en nuestra vida para que podamos disfrutar de ella, y nos da ricos dones, talentos y habilidades para nuestra satisfacción, gozo y servicio a los demás.[5] Aquí está el secreto del reino de Dios. El secreto de su importancia. Es la llave que abre el reino esclavizante de nulidad y la depresión. Este principio de valor mediante una relación con nuestro Padre celestial, opuesto al valor basado en el poder, posición y rendimiento, está cristalizado en los siguientes versículos:

Así dice el SEÑOR: "No se gloríe el sabio de su sabiduría, Ni se gloríe el poderoso de su poder, Ni el rico se gloríe de su riqueza; Pero si alguien se gloría, gloríese de esto: De que Me entiende y Me conoce, Pues Yo soy el SEÑOR que hago misericordia, Derecho y justicia en la tierra, Porque en estas cosas Me complazco," declara el SEÑOR. (Jeremías 9:23, 24).

Aquí se pone de manifestó un claro contraste: No hay que gloriarse, jactarse ni encontrar valor en sabiduría, poder o riquezas, sino gloriarse, o encontrar valor en conocer y entender al Padre celestial. Este principio es declarado una y otra vez en las Escrituras. En el libro de Mateo, el relato de ser más valioso que los pajarillos se amplia en toda una serie de declaraciones que culminan en el conocido texto de Mateo 6:33 donde se nos exhorta a buscar primero el reino de Dios y a no preocuparnos por las cosas de esta vida. En el versículo 27 Jesús dice: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” La palabra estatura se puede referir a la estatura o a una larga vida, pero también puede metafóricamente referirse a un estado que lo capacita para algo: su posición, su estado. Un sistema de valores basado en el rendimiento implica preguntarse constantemente si uno ha alcanzado el nivel correcto. Jesús conoce el corazón humano y de cómo ha sido influido por la mentira de Satanás de la auto-existencia y la valía mediante los logros. En el versículo 28 Jesús se dirige al asunto de la seguridad a través de posesiones y lo inútil que es pensar de esta manera. En Lucas 12:15 Jesús lo dice de esta manera: “… la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes”.

C. ¿Hay algo malo con el rendimiento?

Algunos plantean la cuestión en este punto: “¿Esta usted diciendo que el rendimiento es algo malo?” No hay nada malo con el rendimiento ni el logro en sí mismo. Dios ha establecido un marco para la existencia humana que nos obliga a usar su poder para la productividad diaria. El problema no es el rendimiento, sino el deseo o la práctica de derivar valor de lo que se alcanza o se posee que revela que hemos sido seducidos por la mentira de la serpiente.

D. Lo relacional se centra en lo invisible

Este énfasis en la confianza en nuestro Padre celestial y su provisión se expresa también en  preocuparse por lo invisible por encima de lo visible.

Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. (Lucas 17:20, 21).

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Corintios 4:18).

Es pues la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven. (Hebreos 11:1, RV 1909).

Juan hace una clara distinción entre los dos reinos en 1 Juan 2:15:

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. (1 Juan 2:15)

El amor por el mundo y las cosas del mundo viene directamente de un deseo de aumentar la “altura de su estatura”, mediante la posesión y el control del poder, la riqueza y la fama. Tales deseo no se encuentran en los corazones de aquellos que confían en el amor de su Padre celestial.  Ellos no se rigen por la ambición de ser mejores que otros o ser reconocidos como grandes triunfadores. Tienen la capacidad de estimar a otros mejores que a ellos mismos porque no necesitan la aprobación del mundo.[6]

E. La revelación más clara del reino de Dios

La revelación más clara y profunda del sistema de valores de Dios se revela en las primeras palabras registradas que el Padre habló a la raza humana. Hasta este punto toda la comunicación entre el cielo y la tierra era a través de Cristo, la Palabra de Dios. Pero ahora el Padre habla y sus palabras establecen los principios mismos de su reino.

Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido. (Mateo 3:17, LBLA)

El Padre establece los parámetros del valor. ¿Por qué debemos escuchar a Jesús? El Padre responde: Porque él es mi Hijo. El valor de Cristo se revela en la relación con su Padre.[7] El Padre no dice: “Escuchen a este mensajero divino porque él es el Creador y ocupa el cargo mas alto en el cielo”, aunque esto era verdad.[8] El Padre revela la valía de su Hijo por medio de la relación familiar—algo tan simple y sin embargo tan poderoso en sus ramificaciones para con nosotros. Cristo es el camino al Padre,[9] y aquí vemos revelada la plataforma de ese camino—mediante una relación de confianza con nuestro Padre celestial.

Es interesante observar que la primera vez que Satanás habla, y la primera vez que el Padre habla, ambos revelan el corazón de sus respectivos reinos. Satanás habla en Génesis 3:5: “Ciertamente no moriréis”, y el Padre habla en Mateo 3:17 afirmando: “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”. El contraste entre los sistemas de valores es claro y evidente.

Es maravilloso saber que Dios anhela tener una relación con nosotros. Ellen G. White afirma en El Deseado de todas las gentes, página 88, que,  “la voz que habló a Jesús dice a toda alma creyente: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”[10] Es maravilloso saber que nuestro Padre está siempre pensando en nosotros y deseando estar cerca de nosotros. Como dice el salmista:

Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados. (Salmo 40:5)

Si nuestro valor está determinado por los pensamientos de amor que Dios tiene para con nosotros, entonces este texto nos dice que somos de valor inestimable porque dice que los planes y pensamientos de amor que Dios tiene hacia nosotros son tan grandes que no se pueden declarar ni contar. ¿Qué se siente el ser inestimable? Sólo puede sentirse tan bien como su creencia en la verdad de que Dios nos ama mucho, no importa lo buenos o lo malos que seamos.[11] Y solo se puede abrazar esa verdad, si usted permite que la fuente de la vida fluya del Padre, y no de usted mismo. Esta es una noticia maravillosa y estoy muy agradecido por ello. Así que, cada vez que usted se sienta tentado a dudar de su valor, sólo mire a los gorriones, crea, y resista la tentación de considerarse a sí mismo un tesoro o algo valioso.

F. El Rechazo de Lucifer del sistema de valores celestial

¿Podemos imaginarnos el momento en que Dios creó primero a Lucifer y tiernamente abrazó a su nuevo hijo? Dios había compartido su corazón y su alma con este ángel. Le había enseñado nada más que amor y le dio el privilegio de servir en los más altos niveles del gobierno de su familia. Lucifer había sostenido su valor por medio de su relación con su Padre celestial. Pero, por medio del misterio de iniquidad, rechazó el valor que había hallado en su Padre y comenzó a escupir palabras de ira y rebeldía. Moviéndose en las sombras del engaño y la mentira,[12] envenenó las mentes de muchos otros hijos de Dios. ¿Podemos imaginarnos el dolor? Lucifer, creado tan perfectamente, estaba lleno de odio. Estaba empeñado en destruir al hijo eterno de Dios, porque Jesús revela que Satanás era un asesino desde el principio.[13] La realidad de este sentimiento se demostró en la cruz del Calvario, donde Satanás esperaba deshacerse de Jesús de una vez por todas.

Es crucial recordar que, en el reino de Dios, la identidad y el valor de una persona están ligados a su relación con el Dios Creador, nuestro Padre celestial. Esto es debido al hecho de que, el valor o el tesoro de una persona es donde está el corazón o el centro.[14] Si nuestro corazón esta centrado en Dios, nuestro valor o nuestro tesoro provienen del Él. Si nuestro corazón está centrado en nosotros mismos, nuestro valor o nuestro tesoro provienen de nosotros mismos.

Cuando Lucifer salió de esa relación, obstruyó la luz del amor de Dios y abrió una oleada de oscuras emociones.[15] Si se le hubiese preguntado a Lucifer antes de la rebelión: “¿Quién eres tú?”, él habría contestado tranquilamente con seguridad y confianza: “Soy un hijo de Dios y Él me ama”. Su corazón y su centro era su Padre, por ende ahí estaba su tesoro. Una vez que Lucifer rechazó a su Padre, si se le hubiese hecho la misma pregunta: “¿Quién eres Lucifer?”, ¿que habría contestado? Había perdido su verdadero tesoro e identidad como un hijo de Dios. Ahora Lucifer estaba centrado en sí mismo, pero no tenia ninguna fuente de vida que llenara su corazón de gozo y amor. Había obstruido esa fuente cuando intercambió tesoros, y cualquier identidad que tratara de crear para sí mismo. De ahí en adelante nunca llenaría ese vacío ni la sensación de pérdida que experimentó al romper su estrecha relación con su Padre celestial.

Lucifer, ahora Satanás, está solo. No hay nadie que lo abrace, nadie que lo ame y ningún lugar al cual llamar hogar. La fuente de Satanás es una cisterna rota—su agua no es refrescante, y es incapaz de darle un sentido de tranquila seguridad del valor que su Padre había puesto en él. Ahora está impulsado por todas las emociones de inutilidad: la inseguridad, el temor, el vacío, los celos, el orgullo, el autojustificación, la arrogancia, la ira, el enojo, y un espíritu controlador.[16] Cambió la fuente del amor, luz, y el verdadero valor por una fuente de odio, oscuridad e inutilidad.

Satanás no sabía que camino tomar después de rechazar a Dios. Tuvo que redefinir quién era y de alguna manera ahogar ese vacío, esa inutilidad, esa nada que sentía en su interior. Como cualquier niño que se siente sin valía, Satanás lleva sobre sí todas las marcas de la inseguridad, el temor, la locura y una desesperada necesidad de aprobación de quienquiera que se la pueda dar. Ansía atención, y para satisfacer ese vacío, en su naturaleza pervertida anhela ser venerado, adorado y amado. Cualquier cosa para quitar el dolor, la soledad, y la inutilidad.

Puesto que Satanás rechazó a Dios como su Padre y remplazó eso con la creencia de que él tenía vida en sí mismo, el sintió que no necesitaba una relación con Dios para la vida o el valor. Él creyó que todo eso procedía de sí mismo. Tal mentira exige intentos continuos para demostrar que él tiene su propia fuente de vida. Él tiene que hacer continuamente demostraciones de su poder para asegurarse a sí mismo y asegurarles a sus seguidores que su mentira es verdad. Pero, ¿de adónde proviene su vida para manifestar tal poder? Dios continua concediéndole la vida, permitiéndole demostrar los principios de su nuevo reino,[17] para permitir que cada uno decida cual reino es mejor.

Para resumir brevemente:

  1. Dios es la fuente de vida—física, mental, y espiritual. Todo nuestro amor, gozo, y capacidad creadora fluyen desde su trono hacia nuestros corazones.
  1. Nuestro valor o tesoro es donde están nuestro corazón y nuestro centro.
  1. Lucifer rechazó a Dios como su centro y cambió este hacia sí mismo. Trató de mover la fuente.
  1. Al mover el centro, se destruyó el tesoro de encontrar valor en nuestra relación con Dios.
  1. Satanás introdujo a Adán y Eva al concepto de que todos tienen vida en sí mismos y que esto es nuestro centro y nuestro tesoro.
  1. Para hacerle frente a la pérdida de la verdadera fuente de vida y luz, y para mantener viva la mentira del poder inherente, Satanás estableció su reino sobre los principios de encontrar valor a través de demostraciones de poder y rendimiento.
  1. Por lo tanto, Satanás ha tenido éxito en infundir en la naturaleza del hombre (1) la creencia de que el hombre tiene vida en sí mismo y (2) un sistema de valores que está basado en probar la existencia de esa vida a través del rendimiento y la manifestación del poder.
  1. La capacidad de demostrar poder se debe solamente al hecho de que Dios nos concede su vida para darnos tiempo de ver la naturaleza imperfecta del reino de Satanás. Así que en realidad, obtener valor mediante nuestro rendimiento es usar la vida de Dios y reclamarla como nuestra. Esto es un caso claro de robo.
  1. Los que viven en el reino de Dios ciertamente desempeñan y tienen logros. La clave es que no derivan ni obtienen valor de tales desempeños o logros.

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[1] El sistema de valores basado en el rendimiento nace de la mentira “ciertamente no moriréis” y es el corazón de la filosofía espiritualista. Ver El conflicto de los siglos, p. 548.

[2] De origen latín, assárion; asarius o as, moneda romana igual a una décima parte de un dracma (Concordancia Strong).

[3] Plural neutro de G243; propiamente, otras cosas, es decir, (adverbialmente), contrariamente. (Concordancia Strong) [de otra manera, i.e. diferente (en muchas aplicaciones) de otra parte (Nueva concordancia Strong exhaustiva de la Biblia].

[4] Este es el poder de la bendición—la bendición de que alguien muy cercano e importante toma tiempo para pensar en nosotros de forma amorosa. Ver Salmo 8:4.

[5] “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

[6] “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

[7] “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (Hebreos 1:3, NVI)

[8] Este principio es ampliado en el capítulo 21.

[9] “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)

[10] “El que abra las Escrituras y se alimente del maná celestial, llegará a ser participante de la naturaleza divina. No tendrá vida ni experiencia separadas de Cristo. Escuchará la voz de Dios que desde el cielo dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Mateo 3:17. Esa voz es la seguridad de que es aceptado en el Amado”. (Recibiréis poder, p. 349)

[11] “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”. (Romanos 4:5)

[12] Lucifer sugirió que la santidad era algo inherente en los ángeles, que los dirigiría sin la necesidad de la ley de Dios. obsérvese esta cita: “Abandonando el lugar, que ocupaba en la presencia inmediata del Padre, Lucifer salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles. Obrando con misterioso sigilo y encubriendo durante algún tiempo sus verdaderos fines bajo una apariencia de respeto hacia Dios, se esforzó en despertar el descontento respecto a las leyes que gobernaban a los seres divinos, insinuando que ellas imponían restricciones innecesarias. Insistía en que siendo dotados de una naturaleza santa, los ángeles debían obedecer los dictados de su propia voluntad”. (El Conflicto de los siglos, p. 486).

[13] “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. (Juan 8:44).

[14]“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (Mat 6:21).

[15] Mientras más se miraba a sí mismo como la fuente de poder, mas desagradecido se volvía Lucifer “El orgullo de su propia gloria le hizo desear la supremacía. Lucifer no apreció como don de su Creador los altos honores que Dios le había conferido, y no sintió gratitud alguna”.  (El Conflicto de los siglos, p. 486).

[16] “Satanás quedó sorprendido con su nueva condición. Su felicidad se había disipado. Contempló a los ángeles que como él habían sido tan felices, pero que habían sido expulsados del cielo con él. Antes de su caída ni una sombra de descontento había malogrado su perfecta felicidad. Ahora todo parecía haber cambiado. Los rostros que habían reflejado la imagen de su Hacedor manifestaban ahora melancolía y desesperación. Entre ellos había continua discordia y acerbas recriminaciones”. (La historia de la redención, p. 25).

[17] “Dios permitió en su sabiduría que Satanás prosiguiese su obra hasta que el espíritu de desafecto se convirtiese en activa rebeldía. Era necesario que sus planes se desarrollaran por completo para que su naturaleza y sus tendencias quedaran a la vista de todos”. (El conflicto de los Siglos, p. 487)