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El problema de la "seguridad"

Publicado Abr 12, 2013 por Robert J. Wieland En Pan de cada día
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¿Puede algún ser humano tener la seguridad de su salvación eterna y personal? La contestación normal suele ser “sí”, pero la gente a menudo pasa por alto la triste realidad de que en el juicio final Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor... y entonces yo les declararé: Nunca os conocí: apartaos de mí" (Mateo 7:22, 23). ¡Algo extremadamente triste está yendo mal! Estas personas se han auto engañado, y la fe que pensaban que era real resultó ser una falsificación, ya que no habían "obrado" obedientemente los mandamientos de Dios.

Así que, ¿cómo podemos resolver este problema de “seguridad”? Diciendo: “¡Me siento bien! Eso demuestra que estoy seguro de mi salvación eterna”, podría ser prueba de un trágico error. Por otro lado, temer y preocuparse constantemente no es el plan de Dios tampoco. Algunas ideas que pueden apuntar hacia una respuesta son las siguientes:

Hay algo que merece nuestra atención más importante que nuestra propia salvación personal, y es el éxito de Cristo en la gran controversia con Satanás. Cuando nuestro interés se centra en él, en su obra y en su éxito, nuestra preocupación centrada en el yo y nuestro miedo desaparecen.

Si tratas de basar tu “seguridad” en tu propia fe, tu obediencia, tus obras, etc., siempre te estarás preguntando si tienes suficiente “fe” u “obras” u “obediencia”. El foco de tu interés y preocupación seguirá siendo el yo, no importa si utilizas terminología piadosa. El resultado inevitable es una de estas dos cosas: la arrogancia espiritual (“Yo soy rico… y no tengo necesidad de nada”, Apo. 3:17) o el desaliento espiritual (“Me gustaría ser lo suficientemente bueno para ir al cielo”).

Incluso si nosotros dijéramos la frase correcta: “Mi seguridad está en Cristo”, nuestra afirmación “en él” no tiene valor si la evidencia de estar “en Cristo” falta en la vida. No hay conflicto entre “fe y obras”. La verdadera fe se demuestra por las obras, las cuales deben verse en el día del juicio; no nos salvan, pero prueban que nuestra fe es genuina.

Nuestra seguridad real es, por tanto, lo que Cristo hizo por la raza humana. Somos “justificados por su sangre” (Rom. 5:9) que fue derramada en la cruz. Él nos escogió para ser salvos eternamente, "nos ha elegido", y quiere que "todos los hombres sean salvos." Tendrás que confesar, si eres salvo finalmente, que tu salvación se debe a la iniciativa de Dios.

¿Te estás resistiendo a su voluntad? ¿Interpones una voluntad rebelde en contra de él? ¿Resistes a las convicciones de pecado del Espíritu Santo? Gracias a Dios por enviar a Jesús para morir tu segunda muerte, para salvar tu alma. Deja que su Espíritu te guíe en los caminos de la obediencia. Deja de preocuparte por ti mismo.