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Autor: Adrian Ebens
Publicado: Jul 25, 2018
Escrito: Jul 25, 2018
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Pablo dijo “pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”.

La Cruz de Cristo se revela en todos los principales eventos de destrucción registrados en las Escrituras. En toda la aflicción de Sus hijos, Cristo es afligido.

En el principio, la simiente de Cristo, que es su Palabra, se le dio a la mujer que es su iglesia. A través de todo el tiempo antes del diluvio, la mujer trabajó y se afanó para manifestar en ellos a Cristo, la esperanza de la gloria. Sin embargo, ellos afligieron Su Espíritu Santo y reprimieron la verdad. Ellos ahogaron Su voz y le causaron un terrible dolor.

En el lenguaje de los Salmos, Cristo habla de su cruz antediluviana de la siguiente manera:

Sal 18:11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.

Salmos 18:15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, A tu reprensión, oh Jehová, Por el soplo del aliento de tu nariz.

Nuestro Padre que está en los cielos no usa la amenaza de muerte para obligarnos a obedecer. Su ley es una transcripción de su carácter, y su ley dice: “no matarás”. En la muerte de la Cruz, Cristo ha abolido la mentira de que Dios amenaza con matar a los rebeldes. La cruz revela que Dios deja a los que lo rechazan a sus propias elecciones. Como Jerusalén usó a los romanos para colgar a Cristo en la cruz y luego fueron colgados en cruces por los romanos cuarenta años después, los antediluvianos habían ahogado el Espíritu de Cristo y se ahogaron de acuerdo con sus propias acciones.