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Un asunto vital - 4 - Cómo conectarse y mantener una relación con la fuente de vida

Publicado Nov 06, 2012 por Adrian Ebens En Un asunto vital
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4. Cómo conectarse y mantener una relación con la fuente de vida.

Como hemos notado en el capítulo anterior, Dios es el origen o fuente de toda vida, y cualquiera que tiene vida sólo puede tenerla y mantenerla dentro de una relación con Dios. Es importante señalar, aunque tal vez sea obvio, que no podemos buscar esta vida, ya que eso implicaría que poseemos alguna vida o poder en nosotros mismos como para iniciar tal acción. Dios es el iniciador de la vida y, como veremos, la Biblia ha establecido lineamientos para mantener esa vida.

a. La sumisión: el principio clave

La habilidad para mantener la vida con la fuente de vida es un simple asunto de sumisión. Si deseamos poseer esta vida, debemos estar en un estado sumiso para recibirla. Si deseamos poseer esta vida, debemos reconocer a Dios como su autor, y por lo tanto, como la autoridad suprema de la vida.

Debe preguntarse, ¿por qué hablamos de sumisión cuando tratamos el tema de recibir vida? Esta es una pregunta vital. La sumisión sugiere una acción de la voluntad; debe hacerse una elección. ¿Por qué se presenta la elección? Porque el reino de Dios es un reino de amor.

1 Juan 4:7-8 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

Dios es amor, y como Dios es amor y opera su reino con amor, el amor sólo puede existir con la elección: la elección de aceptar o rechazar a Dios. El rechazo de Dios es, por Willsupuesto, la muerte, porque Dios es el único que posee vida en sí mismo y el único que puede dar vida.

1 Timoteo 6:15-16 la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, 16 el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

Pero sin este poder para elegir, el amor no puede existir. La vida entonces es robótica y automatizada. Así, vemos que la vida sólo puede ser recibida a través de la sumisión de la voluntad en amor al dador de vida. Debe haber una relación cercana e íntima donde el que recibe la vida encuentra gozo y felicidad puros al someterse a la autoridad del dador de vida. Alguien inmediatamente argumentará que existen muchos que no creen en Dios y sin embargo todavía están vivos. Esa es una buena pregunta y la consideraremos en el capítulo 9.

Por lo tanto, el punto principal que estamos diciendo es que la sumisión a la autoridad de la fuente de vida es el asunto clave.

b. El ejemplo vital de sumisión: Cristo

Ya que la sumisión es un punto tan vital, es importante para Dios, la fuente de vida, el proveernos de un ejemplo o ejemplos de cómo funciona este proceso de sumisión. El universo necesita una demostración de cómo vivir en un estado sumiso, cómo recibir esta vida y cómo relacionarse con la fuente de vida. El ejemplo de tal sumisión sería el punto fundamental de un reino basado en la creencia en una única fuente de vida que fluye hacia todas las criaturas vivientes.

Dios ha provisto este ejemplo en la persona de su Hijo. El Hijo de Dios provee el ejemplo divino de la sumisión amante a la autoridad de la fuente de vida. Notemos las palabras de Jesús, el Hijo de Dios, cuando habla de la relación con su Padre:

Juan 5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Juan 5:30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.

 

Juan 8:29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.

 

Juan 14:5-6 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

La vida de Jesús, el Hijo de Dios, demuestra para el universo el ejemplo clave de la sumisión a Dios. Al contemplar la relación de Jesús con el Padre, vemos la clave de cómo la vida puede ser recibida y mantenida en una relación amorosa e íntima. Por esta razón, la relación entre el Padre y el Hijo es el elemento más vital para la supervivencia del reino de Dios como lo está revelado en la Biblia. Sin este ejemplo de Jesús, el Hijo de Dios, perderíamos la pista más vital de cómo vivir en una relación sumisa con Dios. Es por esto que Jesús es el camino al Padre. Es por esto que Jesús es nuestro ejemplo en todas las cosas.

Es importante señalar que lo que Jesús vino a demostrar era una expresión de lo que siempre existió. El Hijo de Dios siempre ha operado en sumisión amorosa al Padre, pues él dice, “Yo hago siempre lo que le agrada”; siempre ha sido de esta manera y siempre debe serlo así para que tengamos un ejemplo divino de cómo vivir en sumisión amorosa a la fuente de vida del universo.

c. Ejemplos secundarios de sumisión

i. La relación entre el marido y la mujer (ejemplo de espacio)

La pregunta que debe hacerse es: ¿Cómo se reveló el principio de sumisión a la familia humana antes de que Cristo viniera en persona para demostrarlo? Esta es una pregunta de suprema importancia. Si el principio de sumisión amorosa a la autoridad de vida es tan vital, entonces debe estar revelado en los orígenes de la civilización humana. Y en efecto, lo está.

Hemos notado que la relación del Hijo hacia el Padre es la relación clave para demostrar un modelo bíblico de una fuente de vida en que la vida fluye, de una fuente, hacia todas las criaturas vivientes.

Tendría sentido que en los orígenes de la existencia humana se modele esta relación de manera que el principio de sumisión se observara en las relaciones humanas. Esto es lo que nos dice la Biblia:

Romanos 1:19-20 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

La Biblia nos dice que los atributos de la Deidad se revelaron en la creación y fue manifiesto en ellos, o sea en las personas que fueron creadas. No nos deja ninguna duda en cuanto a dónde se revelaron estos atributos.

Génesis 1:26-27 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Si miramos de cerca este pasaje bíblico, vemos que Dios dice, “Hagamos” al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Si miramos lo que se creó, vemos a dos individuos creados. Esto indica que el “nosotros” es el Padre y el Hijo. Veamos un poco más de cerca la naturaleza de esta relación.

1 Corintios 11:3 …Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.

La Biblia habla aquí del principio de autoridad. El concepto bíblico de asuntos de cabeza u autoridad tenía el significado obvio de liderazgo, por el cual a menudo se ha escuchado la frase inglesa “the buck stops here”, que quiere decir que el traspaso de responsabilidades y decisiones termina con el líder, el cual no intenta evadir su carga pasándosela a otro. El punto es que la responsabilidad no sólo termina con el líder, sino también comienza allí. Es el punto de origen de donde algo fluye o comienza. Nota la referencia de liderazgo en Génesis 2:10:

Génesis 2:10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

Vemos un paralelo entre el liderazgo del Padre al Hijo y el liderazgo del hombre a la mujer. Aquí hay un elemento clave de la imagen de la cual habla Génesis 1:26. El rol de la mujer es fundamental al proceso familiar entero, así como el rol de Cristo es fundamental para el universo entero. En el ambiente del hogar, la relación sumisa íntima de la mujer hacia el hombre sirve como imagen de la relación sumisa íntima del Hijo hacia el Padre, que protege la recepción de la fuente de vida a través del universo.

Dios demostró que el principio del flujo de vida a través de esta relación de marido y mujer se demuestra por cómo los seres humanos entran en la existencia desde este punto en adelante. Adán le dio “simiente” o vida a Eva, quien luego cuidó de esta simiente en su vientre y dio a luz a un niño. Una vez más, esta transferencia de una fuente a un agente sumiso, quien luego cuida y desarrolla aquella semilla, es una reflexión de la relación original del Padre y el Hijo. Presta atención:

Hebreos 1:2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Efesios 3:9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas.

 

Juan 1:1-3 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

La Biblia nos dice que Dios hizo todas las cosas a través de su Hijo. De la misma manera, Adán inició la población de la raza humana a través de Eva. Esta es la demostración de cómo la vida fluiría.

Es crucial comprender que el proceso de la vida debe fluir a través del agente sumiso como un ejemplo para todos los que reciben la vida bajo este proceso. Si la vida fue dada al universo sin un agente sumiso, entonces el universo no tiene ningún ejemplo vital de cómo recibir y mantenerse conectado con la fuente de vida.

La relación familiar es el ejemplo más fundamental que podemos encontrar en un ambiente espacial o material, de cómo conectarse con la fuente de vida. Esta relación refleja con más precisión al gran ejemplo original de cómo la fuente de vida y la sumisión funcionan. Pero Dios ha provisto otros ejemplos para mostrar que este principio funciona.

ii. El árbol de la vida (ejemplo de espacio)

Dios plantó un árbol en el medio del huerto, llamado el árbol de la vida.

Génesis 2:9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

El árbol era otro ejemplo material o espacial de la dependencia de la humanidad, en algo fuera de sí misma, para tener vida. Adán y Eva debían comer de este árbol para vivir. Si Adán y Eva dejaban de venir al árbol y comer su fruto, ellos morirían. El árbol no tenía vida inherente para darles a Adán y Eva; era un símbolo que Dios había puesto en el huerto para recordarles cuán completamente dependientes eran de recibir la vida desde fuera de sí mismos. Este principio también se refleja, en menor grado, en todo el concepto de alimento. La necesidad de alimento para vivir expresa la realidad de que la vida no reside inherentemente en la raza humana. Cada vez que comemos deberíamos constantemente recordar esta verdad.

iii. El sistema del río (ejemplo de espacio)

Mencionamos anteriormente el ejemplo de un río que fluye desde el trono de Dios hacia el universo. Este principio una vez más se reflejó en la creación del sistema del río que fluía del jardín del Edén.

Génesis 2:10-14 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. 11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; 12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. 13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. 14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

Nada puede vivir sin agua. El sistema del río descrito en Génesis 2 era otro recordatorio visual de que la vida proviene de un punto de origen único y fluye hacia todo lo que lo rodea. Nadie puede construir una ciudad o pueblo en un desierto; todas las ciudades y pueblos prósperos deben estar cerca de un río o una reserva de agua. Debemos someternos al lugar donde corre el río si deseamos tener vida. No podemos vivir apartados del río.

iv. El Sábado (ejemplo de tiempo)

Dios no sólo proveyó ejemplos espaciales o materiales de cómo la vida se recibe y se mantiene con respecto al espacio, sino que también creó un recordatorio de esto en el tiempo.

Génesis 2:3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Dios apartó el sábado como un monumento o recordatorio de su poder creativo. El ejemplo del descanso otorgado por el Creador fue una demostración de cómo la raza humana debe actuar cada séptimo día. El acto de descansar es un símbolo de completa dependencia en Dios quien proveerá para nosotros. También provee una oportunidad para demostrar sumisión a la autoridad de la fuente de vida. Nota cuidadosamente los aspectos del sábado que están en el siguiente pasaje:

Éxodo 20:8-11 Acuérdate del día de reposo para santificarlo.9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

Al pueblo de Dios se les mandó recordar la fuente de vida – la que había creado todas las cosas – y debían descansar mientras lo hacían, recordando que el hombre no posee vida en sí mismo y es completamente dependiente de Dios. El acto de descansar es el acto de sumisión a la autoridad de la fuente de vida.

El monumento conmemorativo del sábado nos recuerda no sólo del acto inicial de creación, sino también de la provisión continua de la vida que nos es dada.

Apocalipsis 14:6-7 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.

La adoración “a Aquel que hizo los cielos y la tierra, el mar y las Fuentes de agua” es una referencia a Éxodo 20: 8-11. En el griego, la palabra “hizo” da el sentido de un evento que ocurrió en el pasado pero continúa hasta el presente. Por lo tanto el sábado conmemora el poder continuo de Dios para crear y sustentar a su creación. Otro ejemplo de provisión continua de vida se encuentra en el siguiente texto:

Ezequiel 20:12 Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.

La palabra “santificar” puede significar limpiar o mantener. Es el poder de Dios lo que nos mantiene, limpia, renueva y sostiene.

Por lo tanto, vemos que Dios ha provisto un monumento de tiempo para que mantengamos una conexión vital e íntima con una fuente de vida que está fuera de nosotros mismos.

Una observación cuidadosa del escrito de Génesis revela que las únicas instituciones dadas al hombre antes de su caída en el pecado fueron el matrimonio y el sábado. Ambas instituciones fueron recordatorios claves de que la vida sólo nos llega a través de la sumisión a la fuente de vida, que está fuera de nosotros mismos.

Hemos hablado brevemente de varios aspectos que revelan la naturaleza vital de las relaciones desde una perspectiva bíblica. Ahora quisiéramos hablar del segundo ingrediente: el valor.