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Reflexiones sobre el Padre y el Hijo

Publicado Feb 15, 2013 por Gary Hullquist En El Padre y el Hijo
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Nuestra evaluación de Dios está basada en nuestras consideraciones filosóficas o la aceptación de relaciones significativas.

¿Por qué me siento atraído al mensaje del carácter de Dios? Para mí en lo personal, es la creciente admiración que he descubierto en un Dios que nunca ama menos a sus criaturas, donde su justicia es una reflexión de su infinita misericordia.

¿Por qué me siento atraído a aceptar el mensaje de Cristo Nuestra Justicia? Porque encuentro un gran consuelo en la comprensión de que cuando yo estoy “en Cristo” la responsabilidad de “producir el querer como el hacer por su buena voluntad” es enteramente de él.

¿Por qué alegremente he aceptado la paternidad de Dios y su Hijo literal?  Porque mi admiración hacia Dios es reforzada por la realización de que él “no escatimó” a su Hijo real (o como lo dice Elena White, ‘una parte de Él mismo’ – 1888 Materials p. 712), y porque Jesús es el Ejemplo real de sumisión y obediencia con quien me puedo identificar y quien puedo seguir.??

Para mí, conocer “al Espíritu de su Hijo” ha transformado completamente mi experiencia cristiana,  dándome un gozo de realmente conocer al único Dios verdadero y a Jesús a quien él ha enviado – ¡dos veces! Porque Dios el Padre amo tanto al mundo, que “envió a su Hijo unigénito al mundo” (1 Juan 4:9) “para ser el Salvador del mundo” (1Juan 4:14).  Esa fue la primera vez. Luego como el Consolador no podía venir hasta que Jesús regresara al Padre (Juan 16:7), “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo” (Gálatas 4:6). Ahora su Espíritu está en nosotros, morando en nosotros, habitando en nosotros, así como el Espíritu del Padre estaba en Jesús (Juan 14:10). Yo conozco quién es Jesús, y ahora conozco su Espíritu también.

Algunos dicen que no ven como el entendimiento del Padre y al Hijo es verdad presente. La verdad presente es la verdad como es en Jesús donde quiera que Jesús esté en el tiempo presente.

La verdad presente para los apóstoles en el día del Pentecostés en el 31 DC, fue que Jesús fue resucitado de los muertos por Dios su Padre y que ascendió al trono del Padre donde recibió la promesa de su Espíritu que después él derramo sobre sus discípulos (Hechos 2:32, 33)

 

La verdad presente para los pioneros adventistas en el 1844 fue que Jesús entro en el Lugar Santísimo y ahora estaba tomando su función como Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación. La obra de limpiar no solamente el santuario celestial pero también el templo de nuestros cuerpos a través de la obra de la santificación mediante su Espíritu en nuestras vidas.

¿Habrá alguna diferencia de quien entendemos que es el Espíritu? ¿El Espíritu de Jesús o de otro Espíritu independiente? Creo que es tanta la diferencia como la comprensión de lo que creemos que es nuestro propio espíritu. ¿Puede mi espíritu funcionar como una entidad consciente de sí mismo separado de mi cuerpo? Si es así, soy vulnerable a la aceptación de nociones tales como “experiencia fuera del cuerpo” y la “vida después de la muerte”.

Aquellos que aceptan la simple lectura de las Escrituras, de que Dios es el Padre de Jesús y Jesús es “el Hijo de Dios en verdad” (2 Juan 1:3) no pueden entender un dios trino indivisible, y la desesperación que produce la pérdida de identidad cuando se designa a Dios como primera y segunda (y tercera) personas, porque el nombre de “Padre” e “Hijo” son considerados como meramente títulos de su función en vez de la realidad de quienes Son. Desde esta perspectiva, estos títulos/roles no son reales en lo absoluto, sino una jerga engañosa. Uno tiene que preguntarse, ¿Se puede confiar en Dios?

Si demandamos “perfecta igualdad simétrica entre las hipóstasis de un dios trino,” de tal manera que lo que uno hace el otro hace, que no hay ninguna diferencia real entre la primera persona y la segunda persona o la tercera persona, que “si el Padre hubiese venido a la tierra” y muerto en la cruz, no hubiésemos podido detectar  ninguna diferencia porque cada uno de los tres son totalmente independientes, existentes por sí mismo, auto-suficientes seres divinos en su propio derecho, entonces la idea de que de un solo Dios sale la imagen perfecta de sí mismo (Hebreos 1:3) para ser su mediador (2 Timoteo 2:5; Gal 3:20), su representante, su Palabra para la creación, es incompatible con la premisa de igualdad absoluta.

Pero Jesús dijo que la unidad que existía entre él y su Padre era basada en su conocimiento del Padre.  “nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar.” (Mateo 11:27).  Este conocimiento es la base sobre la cual podemos experimentar vida eterna (Juan 17:3) y nos hace “uno así como” el Padre y el Hijo son uno (Juan 17:11, 22).

Cuando se considera el término “engendrado” o “salir de” (monogenes/yawlad) en cuanto al origen de Cristo, las dudas sobre su aplicación son inevitables dependiendo en las asunciones previas de la persona. Si afirmamos las nociones de independencia eterna y auto-existencia como requisito previo para la calificación de la divinidad (como postula el concepto de la deidad trina), entonces la contemplación de un nacimiento divino debe ser rechazada como incompatible con los requisitos pre-establecidos de nuestra definición. ¿Impone la palabra de Dios estas limitaciones filosóficas sobre la naturaleza eterna de Cristo?

Antes de contestar esta pregunta, debemos reconocer la distinción que hace la inspiración sobre la identidad y la naturaleza de Dios. Resultaría confuso si permitimos ambigüedad en alguna expresión del término “Dios”.

La Identidad de Dios

Dios es reconocido como un individuo distinto en las Escrituras, como “Dios el Padre” (Juan 6:27; Gálatas 1:1, 3; Efesios 6:23; Filipenses 2:11; 1 Tesalonicenses 1:1; 2 Timoteo 1:2; Tito 1:4; 1 Pedro 1:2; 2 Pedro 1:17; 2 Juan 1:3; Judas 1) “Dios, el Padre, de quien son todas las cosas” (1 Corintios 8:6), “el Anciano de días” (Daniel 7:13) que es una entidad separada del “Hijo del Hombre”, y “Señor Dios Todopoderoso” que es distinto al “Cordero” (Apocalipsis 21:22).  Elena White hace la misma distinción Ella identifica a Dios el Padre como “la gran Fuente de todo”, cuya vida fluye hacia toda la creación a través del Hijo (DTG p. 21), “el Soberano del universo” que tiene “un socio, un compañero de trabajo” (PP p. 34), “el rey del universo”, “el eterno existente en sí mismo” (PP, p. 36), “Jehová” que mira a “su Hijo” (HA p. 209), “Jehová”, que declara “Este es mi Hijo amado”, “da testimonio de la divinidad de Jesús” (DTG 116), “Jehová, y el don de su Hijo” (GW p. 131 1892)

La Naturaleza de Dios

Dios puede referirse a naturaleza divina, de ser Dios en naturaleza.  Cristo, el Hijo de Dios “, ha heredado un nombre más excelente” (Hebreos 1:4), “un nombre que es sobre todo nombre” (Fil 2:9), el nombre de su Dios (Apocalipsis 3:12), porque su “nombre está en él” (Éxodo 23:21). Por lo tanto, Dios el Padre le llama Dios al Hijo. Porque “al Hijo dice: Tu trono, oh Dios, es eterno… Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría” (Salmo 45:6,7; Hebreos 1:8-9). El Verbo [el Hijo] era con Dios [el Padre], y el Verbo era Dios [en  naturaleza, pero no en la persona del Padre].  Así, Elena White pudo escribir: “El Señor Jesucristo, el Hijo unigénito del Padre, es verdaderamente Dios en infinidad, pero no en personalidad” (MS 116, 19 de diciembre 1905 en Upward Look p. 367).

Entonces, ¿qué tiene que decir la Biblia sobre el divino Hijo de Dios, que es verdaderamente Dios en su infinita naturaleza divina, pero no en su identidad separada del Padre?

Las Escrituras describen a Dios en términos de eternidad:?

Él es “desde el principio” (Habacuc 1:12)?

“desde la eternidad, hasta la eternidad” (Salmos 41; 13; 90:2; 93:2; 103:17; 106:48)?

Él es “Jehová, el Dios eterno” (Génesis 21:33; Isaías 40:28; Romanos 16:26)

?“el Eterno Dios” (Deuteronomio 33:27)?“Rey eterno” (Jeremías 10:10; 1 Timoteo 1:17)

?El “que habita la eternidad” (Isaías 57:15)?

Siendo esto así, entonces vemos “claramente” que todo lo que viene de Dios así como su poder, es eterno (Romanos 1:20) y para siempre.

Su Espíritu es eterno (Hebreos 9:14);?

Su verdad es para siempre (Salmo 100:5);?

Su justicia es para siempre (Salmo 119:142);?

Su bondad es eterna (Isaías 54:8),?

Porque su amor es eterno (Jeremías 31:3);?

Su luz es eterna (Isaías 60:19,20),?

Su nombre es desde la eternidad (Isaías 63:16),?

Sus brazos son eternos (Deuteronomio. 33:27);?

Su casa es “eterna en los cielos” (2 Corintios 5:1),?

Sus puertas son eternos (Salmo 24:7);

Sus puertas están por siempre (Salmo 24:7),?

Su propósito es eterno (Efesios 3:11),?

Su salvación es eterna (Hebreos 5:9),?

Su redención es eterna (Hebreos 9:12),?

Su juicio es eterno (Hebreos 6:2),?

y su reino es eterno (Salmo 145:13);?

Su pacto es eterno (Jeremías 32:40).

La vida que él nos da es eterna (Juan 10:28; 17:2). Sin embargo, nosotros dependemos de su vida, su Espíritu, porque él la puede retirar.?“El Espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Omnipotente me dio vida.” (Job 33:4)?“Envías tu Espíritu, son creados; y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104:30). Nosotros no tenemos vida en nosotros mismos. No existimos por nosotros mismos.

Vida en si mismo

Sin embargo, “como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26), vida eterna, existente por sí mismo. Las Escrituras no nos dicen cuándo o cómo el Padre dio al Hijo el tener vida en sí mismo, sólo nos informa de que fue “en el principio”, “incluso antes de que la tierra fuese”, “antes de las montañas”, “antes de las colinas “,” desde el principio, desde la eternidad “(Juan 1:01; Prov. 8:22,24; Miqueas 5:2).

Cristo tuvo varios comienzos

La persona divina que conocemos como Jesucristo, el hijo de María, nació en Belén. Su nacimiento, el cual llamamos encarnación, marcó el comienzo del Hijo del hombre en la tierra. No fue hasta “cuando vino el cumplimiento del tiempo” que Dios se manifestó en la carne por primera vez.

Este fue un nuevo comienzo para el Hijo de Dios, apareciendo, en una forma que no existía antes. Anteriormente, era en la forma de Dios (Filipenses 2:6), pero ahora se encontraba en forma de hombre (v. 7). Un cuerpo fue preparado para él (Hebreos 10:5, Salmo 40:6), y el Verbo se hizo carne (Juan 1:14).

Antes de Belén

Hay abundante evidencia de que antes de que naciera Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios pre-existió como el “ángel del Señor”, “el ángel de su presencia” (Isaías 63), el “mensajero” del pacto (Malaquías 3:1), el Arcángel Miguel, que fue rechazado por Lucifer, el diablo, la serpiente antigua y Satanás (Apocalipsis 12:7,9), y fue comandante del ejército del Señor (Josué 6), el hombre quien fue compañero de Dios (Zacarías 13:7).

Fue en esta forma que él era el mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5) y los ángeles. Algunos tienen discrepancia con esta última afirmación, explicando que antes del pecado no hubo necesidad de un mediador. Esto es cierto sólo cuando la mediación se considera en el caso de que haya una disputa entre dos partes y un tercero como mediador arbitra entre los dos. Pero la mediación no se limita a las controversias. También se puede emplear para evitar las quejas y los malentendidos mediante la comunicación, haciendo conciencia, y manteniendo todas las partes informadas. Este fue el papel de la Palabra eterna, que en la imagen misma de Dios, podía hablar en su nombre.

“Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado!” (Ezequiel 22:30) “Miré, pero no hubo quien me ayudara, me asombró que nadie me diera apoyo. Mi propio brazo me dio la victoria; ¡mi propia ira me sostuvo!” (Isaías 63:5) “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Salmos 110:1).  Jehová le dijo a Adonaí, se mi mediador.

Así, que Miguel (“uno que es como Dios”) era el Hijo de Dios, manifestando a Dios a los ángeles. El es el mediador eterno. ¿Pero, fue él siempre Miguel el comandante de las huestes angélicas?

Antes de Miguel

Antes de crear a los ángeles, porque el Hijo hizo el universo (Hebreos 1:2) y el” creó todas las cosas” (Efesios 3:9; Colosenses 1:17; Juan 1:2) él no tendría ningún ángel a quién mandar.  El no tendría a nadie con quien mediar.  Es así que Miguel, aunque estaba en la forma de Dios, empezó en algún punto a ser el Arcángel Creador de los ángeles, mediando entre ellos y el Padre.

Es así que, Jesús de Nazaret pre-existió como el Arcángel Miguel. Pero Miguel, no solamente era un ángel; él era el Hijo de Dios, la Palabra de Dios, que estaba con Dios desde el principio, Jehová el Señor me poseía desde el principio (Proverbios 8:22). Como la Palabra de Dios y el aliento de su boca, él hizo los cielos y todo el ejército de ellos. Él habló y fue hecho, él mandó, y existió (Salmo 33:6,9) por el poder de la fuerza de su Padre (Hebreos 1:3). Él era el Hijo de Aquel que estableció todos los confines de la tierra (Proverbios 30:4, NBLH). “Cristo es nuestro ejemplo. Él estaba junto a Dios en los atrios celestiales.” (Letter 48, 1902 in Notebook Leaflets from the Elmshaven Library Vol. 1 p. 114).

Antes de ser el Verbo:? Pero antes de ser el Verbo de Dios (Apocalipsis 19:13), en el principio de sus obras (Proverbios 8:22), él era “poder de Dios, y sabiduría de Dios.” (1 Corintios 1:24).  El era “el pensamiento de Dios hecho audible” DTG p. 11.  Antes de él ser el Verbo, él era el pensamiento de Dios, la sabiduría de Dios, “la sabiduría oculta de Dios, del designio secreto que él, desde la eternidad, ha tenido para nuestra gloria.” (1 Corintios 2:7). Así pues, el Verbo tuvo origen, cuando la Sabiduría de Dios se convirtió en Palabra “que sale de la boca de Jehová” (Deuteronomio 8:3; Mateo 4:4), cuando él fue “engendrado” mucho antes de que las montañas, las colinas, las aguas o la tierra fuese. (Proverbios 8:23-24)

Pero la sabiduría y el poder de Dios no tuvo comienzo; Yo estaba con Él, ordenándolo todo; y era su delicia de día en día, regocijándome delante de Él en todo tiempo (Proverbios 8:30).  Como sabiduría de Dios, conoce al Padre como nadie más puede  (Mateo 11:27) porque el simpre ha estado en el seno del Padre (Juan 1:18) y el Padre en él (Juan 14:9), uno con el otro (Juan 10:30). El es igual a Dios porque él es en la forma de Dios (Filipenses 2:7) y porque Dios es su Padre (Juan 5:17).

Elena de White identifica a Cristo de la siguiente manera,

“Cada frase que pronunció vino de Dios. Él era la Palabra y la Sabiduría de Dios, y Él presentó la verdad con la autoridad de Dios.” Fundamentals of Christian Education p. 407,408; Atlantic Union Gleaner, Jan 27, 1909

La Biblia habla de la conciencia de sí mismo en 1 Corintios 2:11. “¿Quién sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?”  Esta pregunta retórica se contesta en la siguiente frase: “De la misma manera nadie sabe las cosas de Dios…” Nosotros sabemos nuestros propios pensamientos, somos conscientes de nosotros mismo, pero no hay otro hombre que los conoce. Sin embargo, Dios conoce nuestros pensamientos. Él “desde lejos entiendes mis pensamientos” (Salmo 139:2). Nuestros pensamientos pueden ser conocidos por otros cuando se los expresamos en palabras y acción.  “Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Mateo 12:34). Elena White aplica este principio a Dios cuando escribió, "¿Quién es Cristo? – Él es el Hijo unigénito del Dios vivo. Él es para el Padre, como la palabra que expresa el pensamiento, – como un pensamiento hecho audible. Cristo es la Palabra de Dios.” (Youth’s Instructor June 28, 1894). Cuatro años más tarde ella hizo una comparación mas explicita: “El era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible." (DTG, pág. 11).

El pensamiento del Padre es expresado en su Palabra. El pensamiento del Padre es hecho audible y la creación escucha la Palabra de Dios. Esto es lo más cercano que podemos llegar para explorar la pregunta de la  auto-conciencia de la Palabra de Dios antes de ser “hecha audible.” Pero, ¿es esto importante?  ¿Cuán íntimamente puede estar relacionado alguien con Dios? Ciertamente el pensamiento de Dios no es inactivo antes de ser audible. Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos. ¿Deberíamos imponer estas restricciones a Dios por causa de nuestras limitaciones?