Mi Amado - Capítulo 1 - El Novio

Publicado Dic 05, 2013 por Adrian Ebens En Mi Amado Aciertos: 819

Sección 1. La invitación

El padre se levanta de su trono y en un carro de fuego entra en el Lugar Santísimo del Santuario celestial. Los tronos fueron puestos, y el Anciano de días se sentó. El profeta Daniel, al ver esta escena en la visión, revela que sus vestidos son blancos como la nieve, y su cabello es como la lana pura. Millones de ángeles rodean el trono; algunos están directamente involucrados en el proceso, mientras que el resto mira la majestuosa escena con gran expectativa.

El hijo del hombre, desde el momento en que dejó la tierra, se ha dedicado a la preciosa obra de intercesión por los caídos hijos e hijas de Adán. Las oraciones de los santos ascienden al Padre con las peticiones de perdón, gracia, fuerza, valor, luz, consuelo y alegría. Jesús fielmente presenta estas peticiones a su Padre y ofrece su sangre a favor de sus hermanos en la tierra.

El Padre ve que el Espíritu de su Hijo se mueve en los corazones de los suplicantes, dando testimonio de su amor por su Hijo y la confianza en su Palabra que “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El Padre de las luces en su misericordia envía al Espíritu consolador de Cristo con sanidad, el poder de gracia, amor y alegría.

Aunque la sagrada obra mediadora de Cristo fue oscurecida por la filosofía mística del poder del cuerno pequeño, aun así, millones de almas encontraron acceso a la gracia a través de Cristo, su Señor y Salvador. A lo largo de los siglos de la edad media, los santos de Dios podían acudir confiadamente al trono de la gracia, sabiendo que el Hijo de Dios está “viviendo siempre para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25).

En varios lugares en las Escrituras Dios dejó evidencias de una época cuando un cambio significativo tendría lugar en la obra intercesora de Cristo. Pablo le habló a Félix de un “juicio venidero” (Hechos 24:25). Juan vio volar en medio del cielo a un mensajero proclamando el momento en que “la hora de su juicio ha llegado.” (Apocalipsis 14:6-7). También vio el templo de Dios abierto en el cielo, y el arca de su pacto con relámpagos, voces y truenos, entre otras cosas. (Apocalipsis 11:19).

En preparación para esta hora del juicio, la tierra fue iluminada con un mensaje del cielo que indicaba que Cristo iba a venir. El marco profético había sido minuciosamente establecido por William Miller, entre otros, que señalaba el tiempo de la purificación del santuario para el año 1844. Las estaciones misioneras en todo el mundo anunciaron la noticia de que Cristo iba a venir. De hecho Cristo vino, pero no a la tierra para reclamar a su esposa, sino a su Padre para determinar quién constituiría la novia. ¡La boda no tiene lugar después de la segunda venida sino antes!

Las vírgenes prudentes que escucharon el grito de “¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!” pudieron discernir su malentendido de hacia dónde iba el novio. Así que leemos:


Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. (14) Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Daniel 7:13-14).

Cuando Jesús fue llevado en una nube y acercado al Anciano de días, todo el concepto de santificación para el cristiano se transformó. Hasta ese momento los que confiaban en Cristo no tenían idea de que el tiempo vendría cuando la obra del perdón por el pecado se terminaría antes de que Cristo viniera a reclamar a su novia.


He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. (2) ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. (3) Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. (4) Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. (5) Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos. (Malaquías 3:1-5).

A medida que el pueblo de Dios estudiaba cuidadosamente las profecías de la Biblia, descubrieron que aquellos que soportarían el tiempo de su venida pasarían por el fuego del fundidor y purificador y serían purificados como el oro y la plata. Descubrieron que Dios estaría tan cerca de ellos en el juicio que podrían mantenerse firmes ante él sin un Mediador por el pecado. (Isaías 59:16).

La experiencia del Lugar Santísimo traería al pueblo de Dios a una relación tan íntima con su Salvador que verdaderamente se podrá decir de ellos:


Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. (1 Juan 3:2).

En el momento en que Jesús fue llevado ante el Padre, la mayoría del mundo cristiano se negó a aceptar en primer lugar, que Cristo venía, y en segundo lugar, que él iba a venir hasta el Anciano de días a recibir el reino a través de un proceso de juicio.

Este juicio permite que el novio escudriñe el corazón de su novia para ver si realmente lo ama y confía en él. ¿Confía ella en él lo suficiente para llevarla a través del juicio? ¿Puede ella creer que él puede llevarla al punto donde podría vivir sin la mediación por el pecado? ¿Mantendrá él sus promesas para traerla al descanso celestial?

La experiencia del Lugar Santísimo requiere que la futura novia examine de cerca a su futuro esposo de la misma manera que él la examina a ella. ¿Quién es este Hijo del hombre? ¿De dónde viene? ¿Cuáles son sus credenciales? ¿Cuál es su relación con el Anciano de días, el Padre? ¿Por qué requiere un proceso de refinamiento tan exigente? ¿Es posible que una persona pueda tener intimidad con otra persona de cuyos orígenes sabe poco o nada? ¿Se podría confiar en tal persona para llevar a otro a través de la experiencia del Lugar Santísimo?

Esto nos lleva al tema de este libro, aprendiendo todo lo que se puede acerca del Hijo del hombre en el contexto de la experiencia del Lugar Santísimo. Aunque sería posible sencillamente enumerar los hechos de las Escrituras acerca de este majestuoso Príncipe de la vida, la experiencia del Lugar Santísimo nos invita a una boda, por lo que prepara el escenario para la narración de una historia de amor. Creo que la mayoría de nosotros preferimos historias a hechos en bruto si se nos da la opción.

En los capítulos siguientes voy a compartir con ustedes mi experiencia de llegar a conocer al novio y por qué me he enamorado de él. Les mostraré como él capturó mi corazón y por qué vale la pena renunciar a todo por conseguirlo.

Jesús es el camino a la vida, y se nos dice en los Salmos que:


Oh Dios, santo es tu camino;

¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Salmo 77:13.

Esta historia de amor se basará en la trayectoria del Santuario, a partir de la puerta y nos conducirá directamente al Lugar Santísimo. Añadiremos a este tema principal los elementos de la historia del Progreso del peregrino junto con los temas que figuran en el Cantar de los Cantares.