He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo - Capítulo 6

Publicado Feb 15, 2013 por Robert J. Wieland En El precioso mensaje de 1888 Aciertos: 696

6. Nuestra historia denominacional y el mensaje a Laodicea

Volvamos ahora a las palabras del Señor "al ángel de la iglesia en Laodicea". Se asume con razón que deberíamos haber aprendido de la historia, y que en nuestra generación estamos dispuestos a recibir la lección culminante y preparatoria para el final del tiempo:

He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero... Yo conozco tus obras... Porque tú dices: Yo soy rico y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tu eres un [el] cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; (Apoc. 3:14-17)

Todavía no conocemos nuestras propias "obras", o historia. De hecho, nuestra historia, tal como la ve el universo celestial, desenmascara nuestra verdadera condición en tanto que el "cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo" de entre las siete iglesias. (Obsérvese el empleo del artículo ho, "el...").

¿Cuál es nuestra verdadera historia? Por incómodo que pueda resultar su estudio, debemos abordarlo con verdad y honestidad. Se han prodigado intentos persistentes por identificar el "ellos" de las declaraciones siguientes, con una pequeña minoría. Lamentablemente, el amplio contexto de los escritos de E. White sobre el tema, los identifica con el grueso de los responsables de la dirección de la iglesia, "el ángel de la iglesia en Laodicea":

Todo el universo celestial presenció el ignominioso trato dado a Jesús, representado por el Espíritu Santo. Si Cristo hubiese estado ante ellos, lo hubiesen tratado de forma similar a como lo trataron los judíos. (E.G.W, 1888 Materials, p. 1.497; también Special Testimonies, Series A, No 6, p. 20)

Leemos esa declaración con horror. ¿Puede ser cierta? ¿Cómo pudo suceder cosa tan terrible? ‘No puede ser… Alguien distorsiona el asunto’, intentamos decirnos ante esa y otras declaraciones similares. ‘Alguien encontrará alguna otra declaración que anule la anterior’, esperamos ansiosamente. ¡Nos resulta tan difícil afrontar ese hecho, como lo fue para Adán y Eva asumir su verdadera culpabilidad en el Edén! Pero, aunque nosotros podamos resistirnos a reconocerlo, "todo el universo celestial presenció el ignominioso" hecho.

¿Qué dicen los libros del cielo a propósito de ese pecado? De acuerdo con la página 1061 del vol. 5 del Comentario bíblico, "los libros del cielo registran los pecados que se hubieran cometido si hubiese habido oportunidad" (E. White). ¿Qué habrían hecho nuestros hermanos "si Cristo hubiese estado ante ellos" en 1888? Está escrito en términos inequívocos: "lo hubiesen tratado de forma similar a como lo trataron los judíos". Puesto que "los libros del cielo registran los pecados que se hubieran cometido si hubiese habido oportunidad", resulta claro que registran que nuestros hermanos trataron verdaderamente a Cristo de forma similar a como lo trataron los judíos. Dicho en lenguaje llano, y en palabras de Zacarías, ¡lo "traspasaron"!

Hemos hecho todo lo posible para convencernos de que el pronombre "ellos" se refiere solamente a "algunos", a unos pocos que trataron tan deshonrosamente a Jesús. Una publicación reputada sobre nuestra historia denominacional los describe como "menos que una porción", "no llega a la cuarta parte en el número de los participantes". Y de esos "pocos", "la mayor parte de los implicados hicieron confesión en la década posterior a 1888, la mayor parte en los primeros cinco años, cesando desde entonces en su oposición" (Ver Movement of Destiny, p. 367, 368. Cursivas tomadas del original).

De haber sido eso cierto, sorprende la alarma que produjo en E. White la actitud y acciones de una tan pequeña minoría de pastores, menos de diez, para ser exactos. Sorprende que continuase entregada a la reprensión de tan pequeño contingente de pastores durante toda una década, declarando que tenían poder para mantener alejadas de la iglesia y del mundo las gloriosas bendiciones de la lluvia tardía y el fuerte clamor, ¡incluso a pesar de suponer que la vasta mayoría de los dirigentes responsables aceptaron de forma abierta y entusiasta el mensaje!

No existe ni una sola declaración de la pluma de E. White que afirme que los "algunos", de entre los dirigentes responsables que aceptaron verdaderamente el mensaje, fuesen muchos o una mayoría. Sin excepción, al emplear la palabra "algunos", en referencia a quienes aceptaron, significa "pocos". Y por encima y más allá de cualquier discusión sobre el tema, pesa el indiscutible hecho de que sea cual fuere la reacción que se produjo ante el mensaje en 1888, buena o mala, la conclusión de la obra y la venida del Señor fueron, en consecuencia, tremendamente retardados.

Observemos brevemente algunas de las declaraciones de la pluma de E. White, que arrojan luz en lo referente a los "algunos":

En Minneapolis Dios dio preciosas gemas de verdad a su pueblo en nuevos enmarcados. Algunos rechazaron esa luz del cielo con toda la testarudez que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo. (Manuscrito 13, año 1889; EGW 1888 Materials, p. 518).

Estaba yo diciendo: ¿de qué sirve que nos reunamos aquí juntos [en Minneapolis, en 1888], y de qué les sirve a nuestros hermanos en el ministerio, si están aquí solamente para mantener el Espíritu de Dios alejado del pueblo?... Os he estado hablando y rogando, pero no parece importaros lo más mínimo... (Manuscrito 9, 1888; EGW 1888 Materials, p. 151).

No es prudente que ninguno de estos hombres jóvenes [Jones y Waggoner] se entregue a una decisión en este encuentro en el que la oposición, más bien que la investigación, están a la orden del día. (Manuscrito 15, 1888; EGW 1888 Materials, p. 170).

Si los ministros no reciben la luz, quiero dar una oportunidad al pueblo; quizá éste quiera recibirla. (Manuscrito 9, 1888; EGW 1888 Materials, p. 152).

El asunto decisivo es: ¿son las palabras del Señor, en su mensaje a Laodicea, verdad de actualidad hoy? ¿O bien es posible que la así llamada "gloriosa" aceptación del mensaje en 1888, por parte de los dirigentes responsables de la iglesia, cumpliese finalmente su obra? ¿Fue la anterior declaración una especie de ex abrupto de E. White, algo que su naturaleza calmada repudió posteriormente? Examinémoslo de nuevo. Habló del tema en ocasiones casi incontables:

Cada vez que el mismo espíritu [de oposición, en Minneapolis] se despierta en el alma, son respaldados los hechos acaecidos en aquella ocasión, y los que así proceden son tenidos por responsables ante Dios... Su corazón se inflama con el mismo espíritu que actuó en quienes rechazaron a Cristo, y si hubiesen vivido en los días de Cristo, habrían actuado contra él de una forma similar a la de los impíos e incrédulos judíos. (Special Testimonies to the Review and Herald Office, p. 16,17; EGW 1888 Materials, p. 1.565. Original sin atributo de cursivas).

Si rechazáis a los mensajeros designados por Cristo, rechazáis a Cristo. (Testimonios para los ministros, p. 97, año 1896).

Hombres que hacen profesión de piedad han rechazado a Cristo en la persona de sus mensajeros. Como los judíos, rechazan el mensaje de Dios. (FCE, p. 472; EGW 1888 Materials, p. 1.651; año 1897).

Cristo ha tomado nota de todas las frases duras, orgullosas y despectivas pronunciadas contra sus siervos, como pronunciadas contra él mismo. (Review and Herald, 27 de mayo de 1890).

Los hombres entre nosotros pueden llegar a ser exactamente lo que eran los fariseos: Muy despiertos para condenar al mayor de los maestros que este mundo haya conocido. (Testimonios para los ministros, p. 294, traducción revisada. Año 1896).

¿Cómo sabemos que ese pecado era de naturaleza inconsciente? Los hermanos implicados creían que estaban reaccionando contra un énfasis excesivo y contra un mensaje erróneo. Pensaban que estaban contrarrestando a ciertos fanáticos, imperfectos e incluso perniciosos mensajeros. Pensaban que se estaban manteniendo "en los hitos antiguos", defendiendo noblemente los pilares del mensaje de los tres ángeles. Estaban orgullosos de su ortodoxia. Obsérvese la forma en la que sus verdaderas motivaciones estaban ocultas a su conocimiento:

En Minneapolis Dios dio preciosas gemas de verdad a su pueblo en nuevos enmarcados. Algunos rechazaron esa luz del cielo con toda la testarudez que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo, y se habló mucho acerca de permanecer en los antiguos hitos. Pero se evidenció que no sabían lo que son los hitos antiguos. Se vio que el juicio de las palabras se recomendaba a sí mismo a la conciencia; pero las mentes de los hombres estaban bloqueadas, selladas contra la entrada de la luz, debido a que habían decidido que era un error peligroso eliminar ‘los antiguos hitos’, cuando en realidad no se eliminaba ni un solo alfiler de esos hitos, pero tenían ideas pervertidas en cuanto a lo que constituían los antiguos hitos. (Manuscrito 13, año 1889; EGW 1888 Materials, p. 518).

Hay una sólida razón por la que E. White comparó tan frecuentemente esa reacción contra el mensaje de 1888 con el odio de los judíos hacia Cristo. Los judíos eran inconscientes de sus verdaderos motivos, y también nuestros hermanos. Ambos, los dirigentes judíos y nuestros hermanos, no sabían que estaban condenando "al mayor de los maestros que este mundo haya conocido". La naturaleza inconsciente de su pecado se evidencia aún más claramente en lo siguiente:

No puedo jamás olvidar la experiencia que tuvimos en Minneapolis, o las cosas que me fueron reveladas con respecto al espíritu que controló a los hombres, las palabras pronunciadas, los actos realizados en obediencia a los poderes del mal... En el encuentro fueron movidos por otro espíritu, y no supieron que Dios había enviado a esos hombres jóvenes, los pastores Jones y Waggoner, para que les llevasen un mensaje especial, a ellos que les ridiculizaron y trataron con desprecio, no dándose cuenta de que las inteligencias celestiales les estaban observando. Sé que entonces fue insultado el Espíritu de Dios. (EGW 1888 Materials, p. 1.043; Manuscrito 24, 1892).

¿Pasa ese pecado todavía inadvertido para nosotros? Obsérvense la multitud de libros autorizados que se han publicado sobre nuestra historia, en las ocho décadas anteriores. ¿Acaso uno solo de ellos expone claramente la plena verdad sobre 1888, y el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte clamor?

Las siguientes palabras parecen (y son) proféticas:

El mensaje del Testigo Fiel encuentra al pueblo de Dios sumido en un triste engaño, aunque crea sinceramente dicho engaño. No sabe que su condición es deplorable a la vista de Dios. (Joyas de los Testimonios, vol. 1, p. 327).

Lo que encontramos en nuestros libros de historia denominacional es mucha jactancia del maravilloso "enriquecimiento" que experimentó la Iglesia Adventista con ocasión del mensaje de 1888. El tema general resulta ser "soy rico y estoy enriquecido". Miles de personas de entre nosotros, por todo el mundo, ignoran el solemne hecho de que el Señor cumplió fielmente su parte y dio el "comienzo" de la lluvia tardía y el fuerte clamor hace un siglo, pero el don celestial fue rechazado. Lo cierto es que:

Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles... Fue resistida la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos. (Mensajes Selectos, vol. 1, p. 276).

Debido al "ignominioso trato dado a Jesús" en una de nuestras Asambleas de la Asociación General, es necesaria una expiación, o reconciliación final. Esa es una de las razones.

Realmente, la verdad tal como se la halla en el mensaje de E. White, constituye una "sorprendente denuncia" (Joyas de los Testimonios, vol. 1, p. 328), denuncia que querríamos ver cubierta de tierra por siempre, o bien de alguna forma negada.

Pero las palabras empleadas por Cristo en el mensaje a Laodicea indican que nuestro engaño es de naturaleza fundamentalmente histórica. La expresión griega se emplea con muy poca frecuencia. En ella se repite la idea de sentirse "rico" en la misma oración, pero en diferente tiempo y voz. Pone en nuestros labios la expresión de una jactancia orgullosa, ‘soy rico (comprendo la justificación por la fe) porque he sido bendecido en mi historia al aceptar un gran enriquecimiento’ (plousios eimi, kai peplouteka). Los traductores de los originales de la Biblia no supieron muy bien qué hacer con lo que les parecía una repetición innecesaria. Es comprensible, ya que vivieron demasiado pronto como para captar el pleno significado de las palabras de Jesús. La Reina Valera vierte "soy rico y estoy enriquecido". Considérese la traducción literal del griego (Apoc. 3:17): "Dices: rico soy, y he sido enriquecido".

Durante décadas hemos exhibido un sentimiento general de satisfacción por haber sido enriquecidos con una "gloriosa victoria", en 1888. La mayoría de nuestros pastores se han sentido tan seguros de comprender y estar predicando la genuina justificación por la fe, como de la verdad del sábado. Obsérvese la forma en la que los diversos autores de nuestra historia citados a continuación, ofrecen involuntaria confirmación de la acusación hecha por nuestro Señor, algunos empleando casi exactamente las mismas palabras que el Testigo fiel pone en nuestros labios:

Logro de altura [1888]... resultó en un despertar espiritual entre nuestro pueblo. (M.E.Kern, Review and Herald, 3 de agosto de 1950, p. 294).

Un hito importante en la historia del adventismo del séptimo día... atravesando el continente hacia un nuevo país... una gloriosa victoria... un gran despertar espiritual entre los adventistas... el amanecer de un día glorioso para la Iglesia Adventista... las benditas consecuencias de un gran despertar... nos acompañan todavía... Ese bendito período de reavivamiento que comenzó en 1888... fue rico tanto en santidad como en frutos misioneros. (L.H.Christian, Fruitage of Spiritual Gifts, p. 219-245. Obsérvese la palabra "rico").

Un mensaje inspirador que rescató la iglesia del peligro del legalismo, y abrió las mentes a las sublimes riquezas del evangelio. La última década del siglo vio a una Iglesia desarrollarse, a través de ese evangelio, hasta constituir una compañía dispuesta a cumplir la misión de Dios... La iglesia... fue despertada por el refrescante mensaje de la justificación por la fe. (A.W.Spalding, Captains of the Host, p. 602).

En muchos casos, iglesias que han comenzado con un profundo énfasis evangélico, de alguna forma han perdido algo de su empuje con el paso de los años... La Iglesia Adventista ofrece una variante interesante de lo que es tendencia habitual en otros cuerpos religiosos... la Iglesia Adventista muestra un progresivo énfasis en las verdades evangélicas... una denominación religiosa que se hace más evangélica con el paso de los años es un fenómeno único. (N.F.Pease, By Faith Alone, p. 227).

Principalmente están aquellos que tienden a la crítica, que ven solamente los fallos de la iglesia, pero están ciegos a sus logros. Si bien lamentamos nuestra negligencia de las grandes verdades del evangelio, damos gracias a Dios por los nobles hombres y mujeres que han destacado esas verdades a lo largo de los años. Asimismo, saludamos a la hueste innumerable de miembros de iglesia que conocen a Cristo como a un Salvador personal, y que han sido verdaderamente justificados por la sola fe. Nos gratifica el énfasis in crescendo en la justificación por la fe, durante los cuarenta años precedentes; y si bien es cierto que no hemos hecho todo cuanto debíamos o podíamos haber hecho, somos necios al ignorar el progreso realizado. (Id., p. 238).

Durante mis cincuenta y cinco años en el ministerio adventista, he tenido relación con nuestros obreros y miembros a todo lo ancho del mundo. He trabajado en asociación con nuestros pastores en casi todos los territorios en los que tenemos obra establecida... No sé de ningún obrero o laico, sea en América, Europa, o cualquier otro lugar, que haya expresado oposición al mensaje de la justificación por la fe. (A.V. Olson, Through Crisis to Victory, 1888-1901, p. 232; Thirteen Years of Crisis, -1982- p. 238).

Se debe decir que el mensaje [de la justicia por la fe] se ha proclamado, tanto desde el púlpito como por la página impresa, y mediante las vidas de los miles y miles de hermanos dedicados a Dios, que saben lo que es el resultado de la vida espiritual en Cristo. Cualquiera que se tome el tiempo para examinar los libros, revistas, panfletos y otras publicaciones adventistas, descubrirá que esa gloriosa verdad ha sido impresa vez tras vez... Las varias fases de la salvación por la fe en Cristo han sido enseñadas con poder y claridad mediante la emisión radiofónica durante años, y más recientemente por televisión. Se ha destacado el tema en diferentes cursos bíblicos por correspondencia. Los pastores y evangelistas adventistas han anunciado esa verdad vital desde los púlpitos y lugares públicos, con los corazones inflamados por el amor de Cristo. (Id., p. 233-237; nueva edición, p. 239-243).

Este capítulo solo pretende tratar brevemente el tremendo énfasis sobre la justificación por la fe, en la asamblea de la Asociación General de 1926. Es mi firme convicción que haríamos bien en destacar menos 1888, y más 1926... Algunos han sugerido que la denominación debería en cierto modo constatar públicamente el reconocimiento de los errores de 1888. No es posible presentar una mayor evidencia de crecimiento espiritual y madurez, que la evidenciada en los sermones de 1926. (N.F. Pease, The Faith That Saves, p. 59).

"¡Dices: rico soy, y he sido enriquecido!" 1888 fue el principio de un gran enriquecimiento, una gloriosa victoria, "madurez... espiritual". Somos extraordinarios. No paramos de mejorar.

Los historiadores citados eran hombres fervientes, dedicados y fieles. Trataron sinceramente de reflejar el sentimiento generalizado de orgullo y satisfacción por el tremendo "progreso" de la iglesia. Pero ninguno de ellos fue capaz de reconocer la implicación del mensaje a Laodicea: Es precisamente en nuestro pretendido "enriquecimiento" mediante la aceptación de la justicia por la fe, en lo que estamos engañados. Ni uno siquiera reconoce la necesidad de una reconciliación con Cristo mediante la expiación final, debido al ignominioso trato que le dimos en una de las asambleas de la Asociación General. Todos ellos tratan de emplear mejores palabras para calificar nuestro estado espiritual, que la escogida por la inspiración: "deplorable".

Nadie ha discernido que en 1926 y actualmente, nuestro jactancioso "crecimiento espiritual y madurez" en la comprensión y proclamación de "la justicia por la fe" no consistió en la aceptación del mensaje de 1888, sino en la aceptación del mensaje popular protestante, evangélico y calvinista de la justificación por la fe. Han concluido erróneamente que ese "fenómeno único" de la Iglesia Adventista viniendo a ser más "evangélica", lo fue gracias a la aceptación del mensaje que iba a ser el principio de la lluvia tardía y el fuerte clamor. Pero lejos de eso, lo que hemos hecho es alejarnos imperceptiblemente del mensaje que el Señor nos dio, para adoptar puntos de vista virtualmente idénticos a los de quienes rechazan los mensajes de los tres ángeles. Y nos sentimos satisfechos con ese "profundo énfasis evangélico", tristemente inconscientes de que no constituye "el evangelio eterno".

La nuestra es verdaderamente la iglesia remanente, y su futuro es realmente glorioso. La obra triunfará. Y el Señor nos bendijo, y nos bendecirá. Pero el punto importante es que para nosotros es mucho más seguro el que nos adhiramos a la versión que da el Testigo fiel sobre el significado de nuestra historia denominacional, que a las versiones opuestas a ella. El mensaje a Laodicea sigue siendo "verdad actual". El Señor afirma que en realidad, somos "cuitados, miserables, pobres, ciegos y desnudos". La gran victoria de la Iglesia pertenece todavía al futuro y no se producirá antes que aceptemos el remedio divinamente señalado para nuestra situación actual: el arrepentimiento. Hay algo que podemos hacer, y consiste en actuar exactamente como nuestro Señor nos indica:

Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete (Apoc. 3:18,19).

De entre nuestras historias denominacionales, la que incluye quizá la más evidente (pero inconsciente) negación del mensaje de nuestro Señor, fue publicada en 1966. Indiscutiblemente sincero, y por demás ferviente y entregado, su autor deseaba defender "al ángel de la iglesia en Laodicea". Tras su muerte, los encargados de la publicación la titularon Through Crisis to Victory 1888-1901 (De la crisis a la victoria). Postularon así claramente la nueva tesis de que la asamblea de la Asociación ministerial en 1901 canceló la oposición al mensaje de la justicia de Cristo, en 1888, así como todos los males de la organización que la acompañaron, para desembocar en "la victoria".

El prestigioso libro causó una profunda impresión en la iglesia mundial. Las declaraciones de E. White que contradicen la tesis fundamental del libro pasan automáticamente a ser consideradas bajo sospecha: ‘Lo que E. White dice en lenguaje inconfundible, no puede ser cierto si ese prestigioso libro lo contradice. Algún misterioso contexto debe anular el peso de las declaraciones que afirman que la Asamblea de 1901 no fue una "victoria" ’. Los lectores son comprensiblemente influenciados a razonar de ese modo. (Es significativo que el libro se volviera a publicar en 1981 bajo un nuevo título, pero conservando intacta su tesis de "soy rico y estoy enriquecido", dando a entender que la Asamblea de 1901 transformó los años de "crisis" en una virtual "victoria").

Sin embargo, los hechos demuestran claramente que los resultados de la Asamblea de 1901 no revirtieron la trágica incredulidad manifestada en 1888. Disponemos de buena cantidad de enfáticas y consistentes declaraciones, por parte de E. White:

Qué maravillosa obra habría podido hacerse en beneficio de la numerosa compañía reunida en Battle Creek con ocasión de la Asociación General [de 1901], si los dirigentes de nuestra obra hubiesen estado por la labor. Pero la obra que todo el cielo estaba esperando realizar, tan pronto como los hombres preparasen el camino, quedó sin hacer, debido a que los dirigentes cerraron y bloquearon la puerta contra la entrada del Espíritu. Se produjo una detención antes de llegar a la total entrega a Dios. Y los corazones que podrían haber sido purificados del error, se fortalecieron en la maldad. Fueron bloqueadas las puertas contra la entrada de la corriente celestial que habría barrido todo el mal. Los hombres dejaron sus pecados sin confesar. (Carta al Dr. J.H. Kellogg, 5 de agosto de 1902).

El resultado de la última Asamblea de la Asociación General ha sido la más grande y terrible pena de mi vida. No se hizo ningún cambio. El espíritu que debía haberse traído a toda la obra como resultado de este encuentro, no vino debido a que los hombres no recibieron los testimonios del Espíritu de Dios. Cuando regresaron a sus diferentes campos de labor, no anduvieron en la luz que el Señor hizo brillar sobre sus caminos, sino que trajeron a su obra los principios equivocados que han prevalecido en la obra, en Battle Creek... Es peligroso rechazar la luz que Dios envía. (Carta al juez Jesse Arthur, 15 de enero de 1903).

Si los hombres que oyeron el mensaje cuando tuvo lugar la Asamblea –el mensaje más solemne que se pueda oír– no hubiesen sido tan poco susceptibles de ser impresionados, si hubieran sinceramente preguntado: ‘Señor, ¿qué quieres que haga?’ la experiencia del pasado año habría sido muy diferente de lo que es. Pero no han despejado el camino ante ellos. No han confesado sus equivocaciones, y ahora están yendo al mismo terreno en muchas cosas, siguiendo el mismo curso de acción erróneo, ya que han arruinado su discernimiento espiritual...

Si la obra iniciada en la Asociación General se hubiera llevado hacia adelante hasta la perfección, no habría sido llamada a escribir estas cosas. Hubo la oportunidad de confesar, o bien negar el error, y en muchos casos se produjo la negación, a fin de evitar la necesidad de confesión.

A menos que haya una reforma, la calamidad sobrecogerá a la casa publicadora, y el mundo conocerá la razón. Se me ha mostrado que no ha habido un regreso a Dios de todo corazón... Dios ha sido burlado con vuestra dureza de corazón, que no deja de ir en aumento. (Testimonies, vol. 7, p. 93-96. Ver portada de The Review and Herald de noviembre de 1901. El testimonio siguiente, que comienza en la página 97, lleva por título: "El Review and Herald en llamas").

Por lo que respecta al mensaje de 1888 de la justicia de Cristo, se pretende estar saludando una "victoria", a pesar de que las "obras" derivadas de esa supuesta "fe" llevaron a la reprensión del Señor en los desastrosos incendios que arrasaron el Hospital y Casa publicadora, en una clara censura del Señor.

En el encuentro de 1901, los miembros del comité elegidos en aquella ocasión fueron, hasta donde podemos saber, hombres que creyeron plenamente en esa doctrina [la justicia por la fe], si bien algunos pudieron no haber entrado plenamente en la experiencia personal de la entrega y la fe... He asistido a reuniones campestres adventistas, congresos anuales, sesiones de la Asociación y misiones, encuentros de obreros y otras reuniones, y puedo fielmente decir que en toda esa asociación con los obreros de las iglesias y personas de diferentes razas, naciones y lenguas, a lo largo de mis cincuenta y cinco años como pastor adventista, jamás he oído –ni en América, Europa, ni otro ningún lugar– a un obrero o un laico expresar oposición al mensaje de la justicia por la fe. Ni tampoco he sabido de ninguna oposición tal, expresada en publicaciones adventistas. (A.V. Olson, Through Crisis to Victory, 1888-1901, p. 228-232; nueva edición, p. 234-238).

Pero el autor era ferviente y sincero, y profundamente espiritual. Se apercibió claramente de que algo iba mal. La obra mostraba años de retraso y la venida del Señor se había demorado largamente. Eso no pudo ni quiso negarlo. Reconoció con franqueza la existencia del problema y avanzó su propia y sincera convicción de que en esa hora tardía, la iglesia como un todo no había comprendido ni recibido la verdad de la justicia por la fe, permitiendo así que la obra mundial llegase a su fin. Rara vez un escritor oficial ha confirmado tan gráficamente –aunque sin saberlo– la verdad del diagnóstico de nuestro Señor en su mensaje "al ángel" de la iglesia en Laodicea, y raramente se ha manifestado tan ferviente y sincera insistencia en que el "ángel" es "rico y se ha enriquecido". Los portavoces de la iglesia son ricos, postula el autor del libro, en la comprensión y proclamación del mensaje. No reconoce carencia alguna por su parte, y atribuye la responsabilidad de la obra no realizada más bien a la torpeza de los laicos. Ellos son los "cuitados, miserables, pobres, ciegos y desnudos". Obsérvese la clara evidencia de la conclusión del libro:

Durante los años 1901 y anteriores, los adventistas publicaron mucho sobre la justicia por la fe, y ese tema se ha abordado periódicamente en la Escuela Sabática. Los diferentes aspectos de la salvación por la fe en Cristo han sido enseñados con poder y claridad a través de la radio, y últimamente en televisión. El tema se ha destacado en distintos estudios bíblicos por correspondencia. Los pastores y evangelistas adventistas han anunciado esa verdad vital desde los púlpitos de iglesia y desde otros lugares públicos, con corazones inflamados de amor por Cristo. Y mediante la revista mensual El Ministerio adventista, los predicadores y escritores adventistas han urgido constantemente a hacer de Jesucristo y su justicia como Salvador, el centro de toda su enseñanza.

No se ha destacado el tema más de lo que se debería, si acaso, no tanto como el precioso tema se merece. (Id., p. 237; nueva edición, p. 243).

Entonces, ¿por qué no se ha terminado la obra, si esa preciosa verdad ha sido enseñada "con poder y claridad… con corazones inflamados" por los pastores y evangelistas adventistas? Los laicos no han oído como deberían. Éstos últimos han impedido la terminación de la obra. Obsérvese la conclusión a la que se llega, sólo posible mediante una errónea comprensión del mensaje a Laodicea:

Muchos adventistas del séptimo día parecen ignorar todavía esa doctrina capital. Gran parte de esa falta de discernimiento se debe a que no leen los libros y periódicos adventistas que presentan el evangelio en lenguaje claro, enérgico…

Tememos que para muchos miembros de iglesia, el mensaje de la justicia de Cristo se ha vuelto una teoría estéril, en lugar de una realidad viviente en su experiencia diaria.

Han sido negligentes en cuanto a la luz que, en su amor y gracia, ha hecho Dios brillar ante ellos. No han tenido llegado a cambiar las vestiduras viles de su justicia propia por la vestidura inmaculada de la justicia de Cristo. A la vista de Dios, sus pobres almas aparecen como desnudas y destituidas. (Id., p. 237; nueva edición, p. 243-247).

Si el mensaje del Señor es verdadero, entonces nos encontramos ante una sorprendente inversión de los términos. El Señor dirige ese mensaje "al ángel de la iglesia". El énfasis, según el Espíritu de Profecía, no puede ser más claro: si los responsables ministeriales hubiesen aceptado el mensaje de 1888, la iglesia habría cooperado y la obra se habría terminado (ver Mensajes Selectos, vol. 1, p. 276). "Tu pueblo se ofrecerá voluntario en el día de tu poder" (Sal. 110:3), nos asegura el salmista. Un laicado resistiendo continuamente a los dirigentes constituye una representación desalentadora para el futuro. No es cierta.

Lo que su autor no pudo ver es que todo ese "énfasis" que tan animador le parecía, es en realidad un mensaje diferente del dado en 1888, y esa es la razón de que "el mensaje de la justicia de Cristo se ha vuelto una teoría estéril" "para muchos miembros de iglesia". Les aburre, de manera que "no leen los libros y periódicos adventistas". Seguramente han intentado leerlos, pero dado que los mismos carecen de los conceptos claros y convincentes propios del mensaje de 1888, la lectura se hace tediosa. Y ellos no saben por qué. Pero "el ángel de la iglesia" siente que ha cumplido con su obligación, al menos en generosa y cumplida medida.

Cuanto aquí decimos, se expresa con profundo respeto hacia nuestros historiadores, cuya devoción por la causa está por encima de toda duda. El "y no conoces" de nuestro Señor, explica el problema. Ellos no hacen sino articular y expresar el orgullo casi universal de muchos que mantienen todavía esa posición en el tema de la justicia por la fe (ver en Movement of Destiny, p. 610-612). No debe entenderse aquí ninguna crítica hacia nuestros escritores del pasado. Los citamos solamente como una constatación de que el mensaje del Señor en Apocalipsis 3:14-21 es todavía "verdad actual", y claramente demostrada por nuestra historia denominacional pasada y presente.

En la obra citada, que se volvió a publicar en 1978, la práctica totalidad de los portavoces prominentes de la iglesia se presentan como dando apoyo a la tesis del "enriquecimiento" de 1888 (están ausentes unos pocos, notablemente S.N.Haskell, Meade McGuire y Taylor Bunch). La lista de nombres es realmente impresionante (p. 681-686, edición de 1971). Si la verdad se pudiese determinar por el voto de la mayoría, entonces habría de ser cierto que E. White estaba tristemente equivocada en sus repetidas declaraciones de que el mensaje de 1888 fue impedido "que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida" y "fue resistida la luz... y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos" [dirigentes]. Ni tan sólo uno de esos hombres dedicados a los que hemos hecho referencia, se atrevería a contradecir al Testigo fiel y verdadero a sabiendas. Pero ¿pudiera ser que las palabras de nuestro Señor "y no conoces" se debieran aplicar a todos nosotros?

El simple hecho del inexplicable paso del tiempo durante más de cien años, desde "el comienzo" de la lluvia tardía, nos obliga a reconsiderar el significado de nuestra historia. Si la lluvia tardía fue aceptada tan voluntariosa y fervientemente por nuestros pioneros, ¿por qué no se terminó la obra de Dios en su generación? El testimonio de E. White es tan simple que hasta un niño lo puede comprender: la verdadera aceptación del mensaje habría significado la finalización de la comisión evangélica y el regreso de nuestro Señor en esa generación.

La repetida afirmación del "ángel", "soy rico y estoy enriquecido" tiene una amplia influencia en la iglesia mundial. El orgullo profundamente enraizado, si bien sutil, endurece el corazón. Las extendidas y repetidas afirmaciones de "enriquecimiento" crean prejuicio que impide que el mensaje del Señor a Laodicea sea comprendido en su plena significación. La respuesta a su llamado de "arrepiéntete" en tanto que iglesia, es el resentimiento. ‘¿Acaso no se nos ha dicho durante décadas que somos "ricos" en cuanto a comprender la justificación por la fe? ¿Por qué ese cargo devastador de que somos cuitados, miserables, pobres, ciegos y desnudos?’ Muchos se ofenden. El zarandeo final no sería tan terrible si el mensaje de Cristo no hubiese sido tan repetidamente resistido.

La Escritura está repleta con profecías de la diseminación mundial de la verdad en su pureza evangélica. "Porque la tierra será llena de conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar" (Hab. 2:14). "Saldrán de Jerusalem aguas vivas" (Zac. 14:8). "Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las gentes a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento" (Isa. 60:1-3). Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños: y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu" (Hech. 2:17 y 18). "Y después de estas cosas vi otro ángel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fue alumbrada de su gloria" (Apoc. 18:1).

¿Hay alguien preocupado porque nuestras campañas y publicaciones no hayan cumplido esas profecías, hasta el día de hoy? ¿Se puede decir honestamente que nuestro mensaje esté conmoviendo al mundo, o ni tan sólo despertando ninguna oposición significativa, como fue el caso en los días de los apóstoles?

¿Es papel de mejor calidad lo que necesitan nuestras publicaciones? ¿es mejorar la fotocomposición e ilustraciones? ¿Es simplemente más dinero, más psicología, más música, mayor refinamiento profesional lo que necesitan nuestras campañas evangelísticas?

¿O bien tenemos un problema con el contenido del mensaje, con la proclamación de la verdad misma del evangelio? Nuestro Señor dice que somos "pobres", mientras que nos creemos "ricos" en cuanto a nuestra comprensión y proclamación del "mensaje del tercer ángel en verdad", la pura verdad del evangelio que no ha sido claramente comprendida "desde los días de Pentecostés" (Fundamentals of Christian Education, p. 473).

Nos hemos cansado de repetir que "necesitamos el Espíritu Santo". Por supuesto que lo necesitamos, pero la recepción e inspiración del Espíritu Santo no es una cuestión de magia o buena suerte. El evangelio de Cristo "es potencia de Dios para salud" (Rom. 1:16), y ese poder no reside en la fantasía emocional sino en la verdad, "la verdad del evangelio" (Gál. 2:14).

"Tenemos la verdad", es nuestro sentimiento universal. ‘Está sonando la música adecuada. Necesitamos quizá un cierto "énfasis" que eleve el volumen un poco’. Muchos que hablan de la justicia por la fe se refieren a ella como a nuestra orgullosa posesión, y nuestra proclamación de ella como un mero asunto de "énfasis", algo así como la necesidad de subir eventualmente el control de volumen.

Pero la verdad del evangelio no tiene nada que ver con un "énfasis" tal. El mismo uso del término denuncia una ignorancia en cuanto a lo que es el evangelio. ¿Quién se atrevería a decir que lo que predicaron los apóstoles era una mera "reenfatización" del judaísmo? Nunca, en ningún lugar, usó E. White los términos "énfasis" o "enfatización" en relación con el mensaje de la justicia de Cristo de 1888, como si se tratase de un asunto de ajustar el debido equilibrio homilético. La justicia por la fe es una verdad vital, palpitante, explosiva, y Dios no ha dado al hombre ningún control de volumen para "enfatizarla", destacarla o apagarla. O se tiene o no se tiene; y si se tiene, se revoluciona al mundo (Hech. 17:6). Nada menos que eso.

Y si no estamos "trastornando" al mundo, lo único que podemos hacer es confesar que el Testigo fiel y verdadero tiene razón. Somos cuitados y pobres, aunque hemos confiado en la patética suposición de que somos ricos. Hasta que el "ángel" lo reconozca y lo confiese, no puede darse la voluntad para aplicar los remedios que el Testigo fiel y verdadero nos propone.

Nuestra "pobreza" se hace dolorosamente evidente en la erosión de la confianza en la doctrina distintiva adventista de la purificación del santuario que comenzó en 1844. Verdict Publications publica artículos como el siguiente:

Influyentes eruditos adventistas … piensan ahora que la doctrina distintiva adventista del juicio investigador no se puede demostrar a partir de la Biblia… Otros profesores… han abandonado completamente su creencia en esa enseñanza [la doctrina de 1844]. Podemos fácilmente citar a responsables de departamentos de teología y otros profesores prominentes que han perdido su fe en esa doctrina distintiva adventista… Esa pérdida de fe en 1844 ha tenido lugar… Hay un sentimiento generalizado de que nuestra posición sobre 1844 y nuestra explicación sobre él ha dejado de ser convincente o viable. Un gran porcentaje de adventistas en Europa consideran ampliamente a 1844 como una peculiar aberración americana. (1844 Re-examined, p. 9, 10).

Se citan numerosos pastores y teólogos en favor de ese cuestionarse las raíces básicas adventistas.

Sin embargo, la investigación original de Crosier, Edson y Hahn al formular el concepto distintivo adventista de la purificación del santuario era profundamente bíblica. Fue eso lo que estableció nuestra existencia como pueblo. De no haber sido auténticamente bíblica, los adventistas no tendríamos ninguna razón teológica válida para existir. Si "el dragón" que "fue airado contra la mujer" quiere destruirla, ¿podría hacerlo de una forma más efectiva que atravesando su corazón y fundamento?

El virtual eclipse del mensaje de 1888 por décadas, ha sido uno de los factores responsables de más peso en la erosión de la confianza adventista en la doctrina del santuario y 1844. En 1889, E. White previó que la oposición al mensaje manifestada contra Jones y Waggoner acabaría "produciendo apostasía" (Counsels to Writers and Editors, p. 31). Es evidente un fenómeno interesante: los que no encuentran razón bíblica para creer el mensaje de 1844, dejan igualmente de apreciar el mensaje de 1888; y lo mismo se puede decir a la inversa. El mensaje de 1888 enfocó nítidamente la doctrina del santuario, y restableció en "los corazones de los creyentes el poder director" (El evangelismo, p. 167); y la pérdida de ese mensaje tendió a "[quitar] de los corazones de los creyentes el poder director".