He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo - Capítulo 2

Publicado Feb 15, 2013 por Robert J. Wieland En El precioso mensaje de 1888 Aciertos: 636

2. ¿A quién se dirige el mensaje?

El examen de Apocalipsis 3:14-21 pone en evidencia algunos factores muy importantes:

Para empezar, observamos que el mensaje no se dirige a los laicos de la iglesia, sino a sus dirigentes.

Eso es totalmente diferente de la aplicación que por décadas ha sido la habitual. Mientras que nosotros, los pastores, hemos rogado a nuestras congregaciones que acepten ese mensaje, viene a resultar que lo previsto por el Señor es que nosotros lo aceptemos. El mensaje va dirigido en estos términos: "Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea..." (Apoc. 3:14). ¿Cómo sabemos que el "ángel de la iglesia de Laodicea" son los dirigentes de la iglesia? Por las propias palabras del Testigo fiel y verdadero:

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias. (Apoc. 1:20).

¿Quiénes son "las siete estrellas" que Cristo "tiene... en su diestra" (Apoc. 2:1)? Los dirigentes ministeriales de la iglesia:

Los ministros de Dios están simbolizados por las siete estrellas, las cuales se hallan bajo el cuidado y protección especiales de Aquel que es el primero y el postrero. Las suaves influencias que han de abundar en la iglesia están ligadas con estos ministros de Dios, que han de representar el amor de Cristo. Las estrellas del cielo están bajo el gobierno de Dios. Él las llena de luz. Él guía y dirige sus movimientos. Si no lo hiciese, pasarían a ser estrellas caídas. Así sucede con sus ministros (Obreros evangélicos, p. 13 y 14) [Ver también Los Hechos de los Apóstoles, p. 468].

La "corona de doce estrellas" sobre la cabeza de la mujer pura de Apocalipsis 12:1 representa a los doce apóstoles. Cuando el "cuerno pequeño" echó por tierra a parte de "las estrellas", entendemos que éstas se refieren a los dirigentes prominentes de los judíos (Dan. 8:10). "La estrella [que] se dice Ajenjo" entendemos referirse a Atila, dirigente de lo Hunos; y "la tercera parte de las estrellas" que fueron heridas en el tiempo del cuarto ángel, las identificamos con los dirigentes del Imperio Romano (Apoc. 8:11 y 12).

De los dirigentes de la iglesia se dice específicamente que son "aquellos que ocupan los puestos que Dios ha señalado para la dirección de su pueblo" (Los Hechos de los apóstoles, p. 133). Por lo tanto, el "ángel de la iglesia de Laodicea" son los dirigentes humanos de la iglesia, "el gran corazón de la obra", "la mayor autoridad que Dios tiene sobre la tierra" (Testimonies, vol. 3, p. 492). Es, por lo tanto, a esos líderes, a quien el Señor Jesús dirige primariamente su trascendente mensaje a Laodicea. Si verdaderamente comprenden y reciben el mensaje, los ministros y laicos de la iglesia no tardarán en recibirlo también. Cabe deducir eso a partir de la siguiente declaración:

Los miembros de nuestras iglesias no son incorregibles; la falta no se debe encontrar tanto en ellos como en sus maestros. Sus pastores no los alimentan. ("A los hermanos en posiciones de responsabilidad", Special Testimonies, nº 10, p. 46; 1890).

En segundo lugar, el Señor Jesús manifiesta que lo que nos ha obstaculizado es un pecado del que somos inconscientes.

Ciertos factores en el mensaje lo evidencian así:

Jesús dice: "yo conozco tus obras". El "ángel de la iglesia" no conoce o comprende sus "obras", se le oculta su verdadera condición, por lo tanto el mensaje le informa al respecto.

Cuando dice "yo soy rico y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada", es obvio que el "ángel" no es consciente de decir tal cosa. De hecho, en los cien largos años que han pasado desde que ese mensaje fue reconocido por nosotros como "verdad actual", jamás se ha oído a un responsable de la Iglesia Adventista jactarse en tales términos. Jesús debe estar refiriéndose al lenguaje inconfeso del corazón. Hay aquí algo mucho más trascendente de lo que a primera vista parecería.

"y no conoces..." tu verdadera condición. El verbo griego no significa "no lo sabes porque no se te ha informado, o por no haber sido enseñado". Significa algo así como "no conoces porque no has percibido" (La negación asociada a oida significa una falta de percepción, falta de relación, a lo que solemos referirnos como "ser inconsciente de algo").

"Y no conoces" implica que las verdades más básicas y elementales sobre nuestra condición escapan a nuestro conocimiento. Eso significa una falta de percepción, no un lapsus en la memoria consciente. No es una merma en el estado de vigilia originada por un debilitamiento físico del organismo, causante de una depresión espiritual justificada por una enfermedad. Tampoco implica una falta de inteligencia. No "conocemos" porque hemos erigido una barrera espiritual y emocional en nuestras almas, a causa de la culpa que el pecado conlleva.

Reconocer que el mensaje se dirige primariamente a los líderes de la iglesia no es de modo alguno criticar. La observación está basada en simples hechos. No solo eso, es una verdad que refuerza en gran manera el respeto que se debe a los dirigentes de la iglesia. El respeto por los principios de la organización de la iglesia es inherente a esa comprensión del mensaje a Laodicea. El liderazgo de la iglesia, especialmente el de la Asociación General es extraordinariamente importante. Comprender que el "ángel de la iglesia" es primariamente el liderazgo de la Asociación General, restaura el respeto por la organización de la iglesia a su elevada posición. Lo contrario sería invitar al caos.

Y por último, ese reconocimiento de ninguna manera se puede considerar la manifestación de un espíritu de crítica.

El principio de culpa compartida o corporativa que en este libro se presentará, no deja ninguna posibilidad a la actitud de "yo soy más santo que tú". Todos juntos estamos sumidos en el problema, y la larga demora es entera responsabilidad de todos nosotros por igual.