El Alfarero y la vasija

Publicado Feb 21, 2013 por Robert J. Wieland En Pan de cada día Aciertos: 888

Cobremos ánimo de las palabras de Jeremías 18:2:

"Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras".

Consideremos algunos hechos al propósito:

(a) Eres una "vasija" al que el Señor ha dado existencia en la rueda del Alfarero. Él tiene para ti un feliz propósito a fin de que seas de utilidad en su gran obra de alumbrar la tierra con la gloria del mensaje de su evangelio eterno.

(b) No importa quién seas, como vasija sufriste un proceso de deterioro. Eso es debido a que "todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23). La única "vasija" que se ha mantenido en la perfecta pureza, en la rueda en que la hizo girar el Alfarero, es Jesucristo. Isaías 50:4 ilustra su experiencia en la "rueda", cuando su Padre lo despertaba "mañana tras mañana… para que escuche como los sabios". El Padre le enseñaba en esas tempranas horas del día, y Jesucristo resistió constantemente la tentación que nos empuja a ser rebeldes y volvernos atrás. (Versículo 5).

(c) El divino Salvador-Alfarero no arroja ninguna vasija deteriorada (nosotros) a la basura, por grave que haya sido el proceso de degradación. Siempre hay un propósito útil al que tú y yo podemos servir. Hay buenas nuevas animadoras.

(d) Aún cuando la vasija se echó a perder en sus manos, "él volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla" (Jer. 18:4). Eso es redención puesta a la obra.

(e) Toda "vasija" lo es con el propósito de recibir algo, a partir de lo cual pueda darse a otros en actos de servicio. Es un reservorio que ha de ser llenado y vaciado continua y simultáneamente.

(f) Pero estamos hablando de vasijas que son en realidad seres vivos a quienes se ha concedido la capacidad de elegir libremente, y que pueden resistir la voluntad de Dios. "Tú, hombre, ¿quién eres, para que alterques con Dios?", pregunta Pablo. Una vasija de arcilla no pregunta al que lo hizo "¿Por qué me has hecho así?" (Rom. 9:19 y 20).

(g) Es evidente que la vasija de barro está en necesidad de experimentar una reconciliación de corazón en relación con el Alfarero. Eso se efectúa de una forma absolutamente sorprendente:

(h) El propio Alfarero viene a ser hecho arcilla; el propio Hijo de Dios se vacía de sí mismo en esos siete pasos de condescendencia descritos en Filipenses 2:5-8, llegando hasta la "muerte de cruz". Eso implica ser hecho "maldición" de Dios por nosotros (Gál. 3:13). Probado y tentado, sintiéndose "abandonado" por Dios, experimentó la amarga vivencia que ningún otro ser humano en la historia ha conocido en su plenitud: lo que significa el sentirse arrojado a la basura por el Alfarero. Él tomó sobre su naturaleza impecable nuestra carne pecaminosa, a fin de poder ser "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4:15). Entonces murió la "muerte segunda" por "todos" (Heb. 2:9), de forma que ninguno de nosotros debiera sentir jamás lo que significa ser echado a la basura por la eternidad (Apoc. 20:15).

(i) Todos nosotros somos vasijas vacías cada nueva mañana de nuestra vida. Pero "el amor de Dios [es continuamente] derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Rom. 5:5). Él llenará toda vasija que quiera vaciarse y que esté deseosa de ser llenada. No dejes de oír la invitación a ir a casa del Alfarero, y escucha allí sus palabras con atención.

- Robert J. Wieland