Descubriendo la cruz - 13 - Qué fue lo que efectuó la cruz de Cristo

Publicado Feb 19, 2013 por Robert J. Wieland En El precioso mensaje de 1888 Aciertos: 921

Una cuestión importante

No hay ninguna duda en cuanto a la autenticidad de la muerte de Cristo sobre la cruz.

“Derramó su vida hasta la muerte”: un sacrificio infinito (Isa. 53:12).

Entregó la totalidad de cuanto era y tenía. Como quien vuelve el vaso boca abajo para hacer caer hasta la última gota, contrajo el compromiso de despojarse de todo cuanto le era de valor, incluida su propia vida (Fil. 2:5-8).

Sufrió la “maldición” de Dios, que es la total condenación del cielo (Gál. 3:13).

Es así como experimentó “la [segunda] muerte por todos” (Heb. 2:9).

“Se dio a sí mismo por nuestros pecados”, sin retener nada (Gál. 1:4).

Descendió hasta el fondo del abismo para rescatarnos (Sal. 16:10; Hech. 2:25-27).

¡Así de grande fue su amor (ágape)! (1 Juan 4:9-14). ?Sin embargo, aún sabiendo eso, durante años no podía evitar estas preguntas: ¿Qué logró Cristo en la cruz? ¿Fue su sacrificio un auténtico éxito? ¿O bien logró Satanás impedir o frustrar parcialmente lo conseguido por Cristo? ?Personas más sabias que yo han luchado con preguntas similares durante siglos. Pero alguien me ayudó a encontrar una respuesta en Romanos 5:15 al 18, que parecía hablar del sacrificio de Cristo como del triunfo más maravilloso que quepa imaginar:

“Pero el don no fue como la transgresión, porque si por la transgresión de aquél uno muchos murieron, la gracia y el don de Dios abundaron para muchos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquél uno que pecó, porque, ciertamente, el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida” (Rom. 5:15-18).

¿Es posible imaginar mejores Nuevas que esas? Pues bien, no todos las aceptan. Algunos creen ver letra pequeña entre líneas. A mí me parecía imposible que el Señor pudiera contradecir eso, sin embargo, a lo largo de los siglos más de uno ha intentado “explicar” lo escrito por Pablo, de forma que pudiera evitarse entender lo que a mí me parecía tan evidente y sencillo a partir del texto. Estos son algunos de los intentos:

1. Calvinismo

Dicho en lenguaje llano, no fue la intención de Cristo el morir por “todos”. De hecho, algunos de sus portavoces prominentes han afirmado con franqueza que Cristo ni siquiera amó a “todos”. Amó hasta la muerte solamente a un grupo especial conocido como los “elegidos”.

La idea consiste en que Dios ha predestinado a algunos a salvarse; y debido a que esa es su “voluntad soberana”, ni siquiera ellos mismos pueden hacer nada para resistir su propósito. Van al cielo, sea que quieran o que no.

En cierto sentido, podría parecer razonable. Los calvinistas estrictos se ven forzados a adoptar esa posición debido a su comprensión de la irresistible “soberanía” de Dios. Si él decide algo, el hombre no puede oponerse. Para ellos, la oración modelo debiera entenderse así: “Tu voluntad es hecha en el cielo como en la tierra”.

La otra cara de la moneda

Se trata de una doble predestinación, pues lo anterior implica que Dios ha predestinado a la perdición al resto de las personas, por más que deseen salvarse y luchen por ello (crecí en una iglesia que sostenía ese punto de vista). Son buenas nuevas si es que tú eres uno de los afortunados, pero si no... ¡fatales nuevas, contra las que nada puedes hacer! Pero al comenzar a leer por mí mismo la Biblia, descubrí lo que parecían ser auténticas buenas nuevas:

            La última página de la Biblia contradice esa visión distorsionada sobre Jesús. Me llenó de ánimo leer las palabras: “El Espíritu y la Esposa dicen: ‘¡Ven!’ El que oye, diga: ‘¡Ven!’ Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (Apoc. 22:17). No es una vana fórmula de cortesía. ¿Te incluye a ti, ese “el que quiera”? ¡Sí, estás invitado!

            Jesús prometió: “Al que a mí viene, no lo echo fuera” (Juan 6:37). “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar... porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mat. 11:28-30). Cuanto más pensaba en ello, más me convencía de que el evangelio son realmente muy buenas nuevas. ¿Ha escogido Dios realmente a todos a fin de que sean salvos, a todo el que “venga”?

            Isaías escribió: “¡Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra!” (Isa. 45:22). La única forma posible de quedar excluido de esa invitación sería ¡escapar de los términos  de la tierra!

          Descubrí entonces 16 ocasiones en las que aparece en primera persona de plural el pronombre “nuestro”, “nosotros”, “nos” (o sus equivalentes) con el evidente significado de “todos”, puesto que somos “todos nosotros” quienes hemos pecado: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores... él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos

como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Con toda seguridad, eso me incluye a mí y también a ti.

            Vi entonces Juan 1:29: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. Puesto que ninguno de nosotros venimos de otro mundo, ha de tratarse de que él quita nuestro pecado.

            Juan 4:42 afirma que el verdadero título de Cristo es el de “Salvador del mundo”, no el de Salvador de cierta clase afortunada. No me quedaba otro remedio que aceptar que yo era parte de ese “mundo”. Eso no anula el hecho de que tenemos libertad de elección, y de que podemos rechazarlo, tal como muchos hacen.

            ¿Cómo podía cuestionar Juan 3:16, que dice que “de tal manera amó Dios al mundo” y “para que todo aquél que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”? ¿Podría haber “letra pequeña” en alguna parte? ¿Y si Dios no hubiera dotado a algunos con la capacidad de “creer”? Romanos 12:3 respondía a esa cuestión, al señalar “la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

            Si es así, ¿quién se perderá finalmente? Juan 3:17-19 responde: “el que no cree ya ha sido condenado... y esta es la condenación: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz”. La implicación de Juan 5:40 es que sólo los que no quieren venir a él se perderán (ver también Mar. 16:16).

            Me impresionó lo dicho por Jesús en aquella Cena: “mi sangre... que por muchos es derramada para perdón de los pecados” (Mat. 26:28). ¿Quiénes son los muchos? Puesto que todos pecaron (Rom. 3:23), Cristo debió derramar su sangre por los mismos “todos”. Dijo: “todo aquél que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna... el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo... si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:40,51,53). Es un don universal. Leí entonces cómo Pablo se refirió a algunos que “comerían” en incredulidad, “sin discernir el cuerpo del Señor” (1 Cor. 11:29). Resultaba evidente que Pablo creía que Cristo había hecho algo en favor de todo ser humano, no arbitrariamente en favor de los “elegidos”.?? Leí después 1a de Timoteo 4:10. Cristo es “el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”. ¡Cada uno puede pensar en él como en quien es ya su Salvador! Parecía firme la convicción de que Cristo cumplió algo en su cruz, que se aplica a “todos los hombres”, sin excepción posible. Me recordó la letra de un himno:

La escena cambió una vez más, me pareció contemplar la tierra nueva?Vi la Santa Ciudad junto al mar en calma.?La luz de Dios iluminaba sus calles, sus puertas estaban abiertas de par en par.?Todo el que lo deseaba, podía entrar. A nadie se le cerraban las puertas.

            ¿Podría ser el “evangelio eterno” una Buena Nueva como esa? Efectivamente, ya que 2a de Timoteo 1:10 afirma: “...nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. ¿Cómo es entonces que los cementerios están llenos? Tenía que tratarse de la segunda muerte. Sí, cuando Cristo murió, la “quitó” porque la sufrió. El lago de fuego nunca fue preparado para los hombres, sino “para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25:41). Los humanos que se precipiten allí lo harán sólo por haber despreciado la liberación que Cristo les trajo ya, y de ahí su exclamación: “todos los que me aborrecen, aman la muerte” (Prov. 8:36).

            Efesios capítulo 1, me dio gran aliento: “El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,... nos escogió en él antes de la fundación del mundo,... nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,... en él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (3-8).

¿Quién es el “nosotros”? Cuando, en las orillas del Jordán, el Padre rodeó con sus brazos a su Hijo Jesús, abrazó también a la raza humana, y nos adoptó “en él”.?Volviendo a lo escrito en Romanos 5:15 al 18, hay un segundo intento de explicación de esas Buenas Nuevas. Realmente no es una explicación, sino una conclusión errónea:

2. Universalismo

Se trata de una reacción contra el Calvinismo, e insiste en que finalmente Dios llevará a todo ser humano al cielo, de forma que nadie resultará perdido, ni siquiera los más persistentemente malvados y rebeldes.

Pero la Biblia afirma lo contrario. Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Tim. 2:3,4), pero en otros lugares Pablo se ve obligado a afirmar la triste realidad de que muchos rehusarán la salvación (2 Tes. 1:8,9; 2:8-10). Por consiguiente, por más que deseáramos que todos fuesen salvos por fin, la Biblia no nos autoriza a albergar esa idea. Apocalipsis señala a gente cuyo “número es como la arena de la mar”, que perecerá finalmente, no porque Dios los haya rechazado, sino porque no quisieron recibir el don que él les dio ya “en Cristo” (Apoc. 20:8-15).

Queda aún una tercera explicación de las Buenas Nuevas en esos textos, y ciertamente no está libre de problemas:

3. Arminianismo

Es una doctrina Protestante muy respetada según la cual, la expresión “todos los hombres” de Romanos 5, se refiere sólo a los que creen y obedecen. Apareció como una reacción contra el Calvinismo, dado que la doctrina de la doble predestinación parecía producir tanto arrogancia como desesperación. John Wesley conoció a personas que estaban tan desesperadas creyéndose predestinadas a la perdición, que se abandonaron a la desesperanza; y otras, creyéndose parte de los “elegidos”, se entregaban al pecado con desenfreno, seguros de su salvación. El Arminianismo intentó luchar por restablecer el camino de la verdad.?Efectivamente, Dios desea que todos sean salvos. Cristo murió por todos, decía el Arminianismo; todos pueden ser salvos. Y Cristo murió a fin de hacer provisión para que todos pudieran ser salvos, pero lo que cumplió fue sólo provisional. En la práctica implica un gran “a condición de que...”. ¿Podría esa doctrina esconder un talón de Aquiles? Si Cristo no cumplió realmente nada para nadie, a menos que éste tome la iniciativa de creer y obedecer, entonces, para efectos de todos los que se pierdan, es como si nunca hubiera muerto en la cruz. Pagarían finalmente la deuda de sus propios pecados, y jamás podrían atestiguar la verdad de 1 Juan 2:2: “Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los de todo el mundo”. La implicación es que al morir su segunda muerte, los malvados no le deben nada a Dios. Pagaron su deuda al morir, y con su acción saldaron la cuenta. Cumplen así el propósito final de la Karma Hindú: pagan, y no necesitan salvador.

¿Cumple eso la voluntad de Dios??Mi conciencia me impelía a preguntarme: ¿Acaso no pagó Jesús verdaderamente, en favor de todos??Algunos de entre los que aceptan esa reverenciada doctrina admiten que no existiría la vida en nuestro planeta, a menos de que Cristo hubiera muerto por todos. Están dispuestos a aceptar que nuestra vida física es sólo posible gracias al sacrificio de Cristo. Ahora bien, los animales se benefician de idéntico privilegio, de forma que según eso, Cristo no cumplió nada en favor de la raza humana, que no cumpliera igualmente en favor de los animales, a menos que tomemos esa iniciativa de capital importancia –el creer y obedecer–. Lo que hizo resulta ser meramente provisional; no más que una oferta condicional.?Y ciertamente, la salvación eterna es una oferta. Pero ¿es solamente eso?

Inquietante

¿No merece la cruz de Cristo más honor y gloria que esos? ¿No es acaso cierto que toda la felicidad que cada ser humano disfruta en este planeta es también la compra de su sacrificio? ¿No fue Jesús mismo quien dijo: “he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”? (Juan 10:10).

Muchos de los que se pierdan habrán “vivido en deleites”, se habrán “vestido de lino fino, púrpura y escarlata”, se habrán adornado “de oro, piedras preciosas y perlas” (Apoc. 18:7, 16). Tanto si creemos como si no lo hacemos, “ciertamente llevó [Cristo] nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”, los de todo ser humano. De esa forma, la vida abundante que hoy gozamos, creyentes y no creyentes, es la compra de su sangre. “Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados... Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:4-6). Ni un solo incrédulo ha gozado de un placer en la vida, de no ser porque Cristo sufrió una pena y castigo en correspondencia.

¿Pudiera ser que Cristo no hubiera dado nada a los incrédulos, que no hubiera dado también a los animales? ¿Pudiera ser que no tratara a los humanos en correspondencia con su condición de seres moralmente libres, a menos que creyeran y obedecieran primero? ¿Es el “don” al que se refiere Romanos 5:15 y 16 una mera “oferta”? ¿No obtenemos nada, a menos que tomemos la iniciativa? Si un amigo te ofrece algo, pero no te lo da, entonces no estás en deuda con él; no te dio nada. Supones su buena voluntad, pero no tienes aún “algo” por lo que agradecerle; no le debes nada. La propaganda de las instituciones financieras está plagada de ofertas, pero no de dones. Todo es meramente provisional.

La conclusión lógica

Según el Arminianismo, es inevitable la conclusión de que es nuestra recepción de lo que Cristo ofrece, lo que lo convierte en un “don”. De no darse esa condición, no ha hecho por nosotros nada más que ofrecernos algo, mostrar una intención positiva, y dejarnos vacíos de todo sentimiento de real gratitud por un don dado. Siendo así, nos atribuimos una parte significativa en nuestra propia salvación. Comencé a preguntarme, ¿tendrá eso algo que ver con la tibieza que caracteriza a la iglesia (Laodicea) de los últimos días?

El Arminianismo fue algo muy positivo, en tanto en cuanto respondía de forma contundente al Calvinismo, pero cuanto más pensaba en él, más lejano me parecía del pleno significado de la verdad que los apóstoles predicaron. Dios dio a su Hijo amado; no ofreció darlo. Cristo murió por nosotros; no ofreció hacerlo. De hecho, derramó su sangre, “una vez para siempre” para redimirnos. No es meramente que ofreció derramarla. No necesita derramarla cada vez que un incrédulo se hace creyente. Aquéllos que por fin lleguen al cielo, dirán ‘Gracias, Jesús, por todo lo que hiciste por nosotros. Lo debemos todo a ti’.

Pero si el Arminianismo está en lo cierto, entonces los salvos podrían decir: ‘Gracias, Jesús, por tu generosa oferta. Ahora bien, no recibimos nada hasta que nosotros dimos el paso en la buena dirección, a fin de hacer efectiva la oferta. Hicimos nuestra parte, por eso estamos aquí’. No hay duda de que encontramos ahí la salvación por fe más salvación por obras. ¿Podría esa idea confusa de lo que sucedió en la cruz de Cristo constituir la raíz oculta de la falta de celo que aflige a la iglesia en todo el mundo? Una doctrina tal ha de ejercer necesariamente una influencia, aunque sea de forma inconsciente.

Por último, ¿qué ocurre con los perdidos al fin, ante el trono del juicio? ¿Se perdieron por no haber sido lo suficientemente inteligentes como para aceptar una oferta? ¿O bien fue porque rechazaron voluntariamente un don que les había sido ya dado?

Consideré por fin una cuarta alternativa que parecía pura verdad evangélica.

4. Cristo hizo algo por toda persona

La Biblia parece dejar claro que los perdidos comprenderán por fin que Cristo les dio el don de la justificación y salvación “en él”, si bien ellos lo desecharon. Hizo tanto por ellos como por aquéllos que fueron salvos. Fue su incredulidad lo que significó la pérdida de sus almas; no una incredulidad de tipo meramente pasivo, sino la negativa consciente al arrepentimiento y a ser reconciliados con Dios. Los perdidos no sólo descuidaron con indolencia “una salvación tan grande”; la palabra griega significa que la “tomaron a la ligera”, la desdeñaron (Heb. 2:3; Mat. 22:5). Quisieron persistir en la rebeldía.

El problema se puede reducir a una sencilla pregunta: ¿Pagó Cristo realmente la deuda por el pecado de todo ser humano? La Escritura lo afirma así con rotundidad.?No se trata de una cuestión abstracta, académica, no es algo retórico y vano. La respuesta contiene la clave para alcanzar la mente mahometana, hindú, budista y judía, y a tantos formando aún parte de Babilonia, a quienes el Señor llama “pueblo mío” (Apoc. 18:4). La respuesta significa también la diferencia entre una iglesia tibia y una iglesia inflamada de fervor por Aquél que murió por nosotros.

Pablo, en el polo opuesto a la tibieza

El amor [ágape] de Cristo lo constreñía. Cuando subrayó que “uno murió por todos”, razonó que eso significa que “todos murieron”, de forma que “los que viven” no pueden ya vivir más para ellos sin que les reprenda la conciencia. Son constreñidos a partir de entonces a vivir “para aquél que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:14,15). Pablo vio algo que encendió en él un fuego por el Señor que no se apagaría hasta su última hora en la prisión romana, cuando su cabeza rodaría separada de su cuerpo, dando su vida por Aquél que la había dado por él. “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, había dicho. No se gloriaba de su respuesta personal, no se gloriaba de su propia fe, ni de su propia obediencia. Es la razón por la que escribió las palabras que ya hemos considerado:?“La gracia y el don de Dios abundaron para muchos [el griego implica todos] por la gracia de un solo hombre, Jesucristo... por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que da vida”.

Muchas traducciones alternativas de la Biblia prefieren “veredicto judicial de absolución”, en lugar de “justificación”. No es que el sacrificio de Cristo haga a todos justos, sino que trata a toda persona como si fuera justa, puesto que Dios aceptó a la raza humana “en Cristo”. Él está ya reconciliado contigo. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”; ahora, dice Pablo, “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Cor. 5:19,20).

El significado

Confrontado con objeciones a ese cuarto punto de vista, sobre lo que sucedió en la cruz, particularmente las planteadas por quienes creen que la intención de Pablo al escribir “todos” fuese referirse sólo a todos los que hiciesen previamente algo en la buena dirección con el fin de hacer efectiva la oferta, volví a estudiar el asunto. Pablo fue muy directo: los “todos” sobre los que viene ese veredicto de absolución, o justificación de vida, son los mismos “todos” que pecaron “en Adán”. Parecían claras seis verdades:

1. Todospecaron.Esonosincluye.

2. Los mismos “todos”, fueron justificados. (¿Cuándo?: “Dios ?estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no ?tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”).

3. Fueron justificados gratuitamente (sin pagar nada, sin ?merecer nada).

4. Fue por su gracia (significa algo gratuito para todos, sin ?excepciones).

5. No es meramente por gracia, sino por la sola gracia.

6. La redención es para todos, puesto que es “en Cristo ?Jesús”, el “Salvador del mundo”. ¡Eso nos incluye! ~ 139 ~

Hay quienes se preocupan suponiendo que esa visión abarcante de cuanto sucedió en la cruz pudiera significar un argumento en favor de persistir en el pecado. Pero ese razonamiento ignora que la fe “obra por el amor [ágape]” (Gál. 5:6). No es posible que uno crea que Cristo lo justificó por la sola gracia desde un punto de vista legal, en la cruz, sin que suceda algo importante en su corazón. Lo lleva a la obediencia a todos los mandamientos de Dios, puesto que “el cumplimiento de la ley es el amor” (Rom. 13:10). Cuando comprendes y aprecias el hecho de que “en Cristo” Dios te trata como si fueras justo, entonces él puede transformarte y hacerte justo “en él”. Es la justificación aceptada y experimentada por la fe.

En deuda

Debo manifestar con llaneza que no puedo reclamar originalidad alguna por esa visión. Me estaba debatiendo en esa tensión entre el Calvinismo y el Arminianismo, hasta que un amigo me hizo partícipe del comentario escrito por un autor que hace más de cien años recobró esa verdad conmovedora enseñada por Pablo. Eso desplegó ante mi vista un panorama infinito.

“‘Por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida’. No hay aquí excepción alguna. De igual forma en que la condenación vino sobre todos, así también la justificación viene sobre todos. Cristo gustó la muerte por cada ser humano. Se dio a todos. Se dio a sí mismo a cada uno. El don gratuito ha venido sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito evidencia que no hay excepción. De haber venido solamente sobre los poseedores de alguna calificación especial, entonces ya no sería un don gratuito.

Por lo tanto, es un hecho plenamente establecido en la Biblia que el don de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo ser humano en la tierra. No hay la más mínima razón por la cual todo hombre que haya vivido alguna vez deje de ser salvo para vida eterna, excepto que no quiera tal cosa. Así desprecian muchos el don tan generosamente concedido” (Carta a los Romanos, E. J. Waggoner, p. 56).?“Dios ha otorgado a todo hombre una medida de fe, y a todos la misma medida, ya que la medida de la gracia es la medida de la fe, y ‘a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo’ (Efe. 4:7). Cristo se da a todo ser humano sin reserva (Heb. 2:9). Por lo tanto, puesto que se da a todos los hombres la misma medida de fe y de gracia, todos gozan de igual oportunidad para obtener la herencia” (p. 49).

“Te preguntas: ¿qué, pues, puede impedir que sea salvo todo hombre? La respuesta es: Nada, excepto que no todos guardarán la fe. Si todos guardaran todo lo que Dios les da, todos serían salvos” (p. 36).

¡Qué gloriosa vislumbre! Pero el mismo autor dijo más:?“Su voluntad [de Dios] es nuestra santificación (1 Tes. 4:3). Su voluntad es que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Tim. 2:4). Él ‘hace todo según el propósito de su voluntad’ (Efe. 1:11). ¿Pretendemos enseñar la salvación universal, preguntará alguien? Pretendemos simplemente señalar lo que la Palabra de Dios enseña, que ‘la gracia de Dios que trae salvación, se manifestó a todos los hombres’ (Tito 2:11). Dios ha traído la salvación a todos los hombres, y la ha dado a cada uno de ellos; pero desgraciadamente, la mayoría la desprecia y desecha. El juicio revelará el hecho de que a cada ser humano se le dio la plena salvación, y también que todo perdido lo fue por rechazar deliberadamente el derecho de primogenitura que se le dio como posesión” (Las Buenas Nuevas, Gálatas versículo a versículo, E. J. Waggoner, p. 8). “Alguno dirá irreflexivamente: ‘Eso me tranquiliza: por lo que respecta a la ley, puedo hacer lo que quiera, puesto que todos fuimos redimidos’. Es cierto que todos fueron redimidos, pero no todos han aceptado la redención. Muchos dicen de Cristo: ‘No queremos que este hombre reine sobre nosotros’, y alejan de ellos la bendición de Dios. Pero la redención es para todos. Todos han sido comprados con la preciosa sangre –la vida– de Cristo, y todos pueden, si así lo desean, ser librados del pecado y de la muerte” (p. 73).

Nuestra búsqueda de la verdad de la cruz no ha hecho más que comenzar, y aún así, estamos en un punto en el que nuestro corazón bien puede estar ya desbordante de profunda gratitud. No es extraño que los redimidos entonen esos cuatro grandes Aleluya, según Apocalipsis 19:1-6. Incomparablemente más sublimes que los de la mejor interpretación del “Mesías”, de Haendel.

“Después de esto oí una gran voz, como de una gran multitud en el cielo, que decía: ‘¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro’”.?Cuando comenzamos a vislumbrar lo que Cristo cumplió en su cruz, no podemos por más que unir nuestra voz al clamor: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apoc. 5:12).

Tú puedes cantarlo también. El Cordero es digno, y encontrarás la felicidad adorándolo por la eternidad. ¿Por qué no comenzar ahora mismo?