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La Biblia es, mayormente, la historia de muchas personas diferentes que vivieron en épocas distintas y venían de trasfondos variados. La Biblia también es la historia de cómo Dios intenta alcanzarnos a todos los seres humanos, sin importar nuestra crianza y nuestro contexto. Es más, la Biblia nos enseña que cuando Dios escriba los nombres de cada uno de sus hijos, también tomará registro de dónde vino cada uno (Salmo 87). ¡Y cuán precioso será para muchos de ellos el ver que tuvieron padres amorosos que los guiaran al reino de Dios! ¡Y cuán glorioso será para los padres y los maestros de los niños el saber que cumplieron un rol importante en las decisiones que más tarde esos niños tomaron, las cuales los llevaron a recibir salvación! Cuán gozoso será para aquellos que enseñaron a los niños, al ver que las largas horas de esfuerzo, oración, y a veces frustración, han por fin producido su fruto eterno.
Este volumen continúa desde la ascensión de Salomón al trono, luego pasa por su hijo Roboam, la división del reino en dos, y los diferentes reyes y sus rebeliones. Se llega al punto en el cual, como lo describe la Biblia, ya no hubo más remedio (2 Crónicas 36:16). En estas historias aprendemos de las nefastas consecuencias de elegir nuestros caminos en lugar de los del Señor. Y mientras que el pueblo escogido por Dios rechazó la elevada vocación de ser una luz para el mundo, Dios todavía enviaba mensajero tras mensajero, profeta tras profeta, para guiarlos hacia los caminos que llevan a la paz y la vida. Dios tuvo compasión para con ellos, pero lamentablemente, el corazón humano es perverso, y ellos se burlaron de losmensajeros de Dios, los despreciaron y los mataron, al punto de que Dios tuvo que permitir que cosecharan en pleno las consecuencias de sus decisiones. Y en todas estas tristes historias, leemos cómo Dios aún obraba por medio de Elías, Eliseo, Isaías, Jeremías y muchos otros, trayendo luz, esperanza y vida. Todas estas historias contienen lecciones muy valiosas para todos, especialmente nuestros niños, para que podamos conocer y recordar las consecuencias de abandonar a Dios. Pero si nos aferramos a su mano y oímos y atesoramos su palabra, incluso cuando parecería que todos, incluso el pueblo de Dios, lo están abandonando, Dios nunca nos dejará ni nos abandonará, incluso en las circunstancias que parecen más desalentadoras.