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Un asunto vital - 16 - Una carretera en el desierto

Publicado Nov 06, 2012 por Adrian Ebens En Un asunto vital
1,047 Aciertos

16. Una carretera en el desierto

a. Los montes y los valles

El sistema del santuario fue diseñado por Dios para ser una carretera que nos llevara nuevamente al paraíso del canal de bendición. Sin embargo, la mentira de la serpiente hizo que fuese imposible que la raza humana encontrara esta carretera, mucho menos que comenzara el viaje.

En el capítulo 8 observamos el ciclo de la falta de valor, que es el resultado cuando aceptamos la mentira de la vida inherente. Veamos una vez más:

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El sistema de vida inherente que introdujo Satanás hace que las personas sientan orgullo cuando obtienen logros, y falta de valor cuando fallan. Este ciclo de orgullo y falta de valor es como una serie de montes (o montañas) y valles que son infranqueables.

En un contexto religioso, estos montes y valles se vuelven aun peor. Como vimos anteriormente, la ley de Dios se había torcido por la mentira de Satanás, para llegar a ser, o un medio para lograr la aceptación de Dios, o un recordatorio constante del fracaso. Como resultado, a menudo vemos a intolerantes religiosos acampando en los montes de la auto-importancia, haciendo alarde ante todos de su celo religioso; pero la mayoría de las personas suele acampar en los valles, sintiendo como que todo es demasiado difícil, y que nunca podrán ser buenos cristianos.

Ésta es la razón por la cual el portón que conduce a la vida es estrecho, y el camino angosto. La mayoría de las personas o invierten grandes esfuerzos en buenas obras para agradar a Dios, o simplemente se dan por vencidas porque están hartas de sentirse mal todo el tiempo. También hay un grupo numeroso que cambia de un lado al otro, intentando y fracasando, intentando y fracasando.

A menos que la mentira de la serpiente quede expuesta y podamos ver nuestra verdadera relación con Dios mediante el canal de bendición, todo lo que hagamos será bloqueado y estorbado por montes y valles.

La más poderosa demostración del amor de Dios – el don de Jesús en la cruz – también está sujeta a estos montes y valles. Muchos se sienten motivados, por la muerte de Cristo en la cruz, a ser mejores personas e intentar mostrarle que lo aman por las grandes cosas que ha hecho. Otros se sienten tan indignos de que Dios diera a su único Hijo para que muriese por ellos, que no lo pueden aceptar; sienten que él murió por los demás, pero no por ellos. Por esta razón, era clave que antes de morir en la cruz, Jesús neutralizara este falso sentido de identidad que la raza humana tenía debido a la mentira de la serpiente. Antes de su muerte, Jesús necesitaba revelar nuestra posición como hijos e hijas de Dios que son grandemente amados y aceptados.

¿Cómo podía hacerse esto de manera que tales pensamientos alcanzaran la mente humana? ¿Cómo podría Dios reconectarnos con el canal de bendición, y a la misma vez, darnos un sentido de nuestro verdadero valor como hijos de Dios?

El plan se revela en Isaías capítulo 40:

Isaías 40:3-11 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. 5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado… 9 Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! 10 He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. 11 Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.

En este capítulo, Dios revela que se hará cargo de estos valles y montes, y hará un camino claro para que la raza humana pueda transitar (versículo 4). Esto se lograría al hacer que el Hijo de Dios se hiciera uno de nosotros – ésta es la gloria del Señor revelada (versículo 5). ¿Cómo exactamente sucedería esto?

1. Al hacerse uno de nosotros y tomar nuestra naturaleza, Jesús reconectaría a la raza humana con el canal de bendición, y crearía una puerta para entrar a la mente humana, la cual es el verdadero campo de batalla.

2. Que el Padre aceptara al Hijo como humano, significaría que la humanidad también sería aceptada por Dios como sus hijos. Esta aceptación rompería con el ciclo de la falta del sentido de valor.

3. Al vivir una vida perfectamente sometida al Padre, él desarrollaría una mente humana que mantendría la conexión al canal de bendición. El desarrollo de esta mente llegaría a ser la herencia de todo aquel que aceptara a Cristo como su Salvador.

4. La obra de Jesús en el cielo, luego de su obra aquí en la tierra, continuaría proveyéndonos la seguridad de saber que somos hijos de Dios, y la habilidad para mantenernos sometidos al Padre.

b. Se rompe el ciclo

El primer paso en este plan se logró cuando Jesús nació. Él fue hecho la simiente de David según la carne. Como afirma Pablo en Hebreos:

Hebreos 2:14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.

La humanidad de Jesús es el eslabón que nos conecta con el canal de bendición del Padre. En el libro de Juan, se representa como una escalera.

Juan 1:51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.

Para que el canal de bendición llegase a nosotros, los pies de la escalera debían colocarse firmemente sobre el suelo humano. A menos que Jesús fuese verdaderamente humano como nosotros, la conexión no sería completa, ni el canal estaría conectado.

Una vez que el canal se conectase y Dios tuviese acceso a la mente humana por la humanidad de Jesús, se necesitaría entregar un mensaje de aceptación. Sería un mensaje que nos dijera que Dios no es un rey irritado que está enojado con nosotros por desobedecer, sino que es un Padre tierno que quiere tenernos nuevamente en su familia, y que los dones que envía provienen de un Padre amante y no de un juez airado.

Esto se logró en el bautismo de Jesús, al principio mismo de su obra. No tendría sentido que Jesús desarrollara una mente humana perfecta si nosotros no tuviésemos un sentido de amor y aceptación. Nuestras naturalezas, basadas en el desempeño, no interpretarían correctamente este regalo. En el bautismo, el Padre nos habla directamente a través de su Hijo. Al hablarle a Jesús, nos está hablando a nosotros.

Mateo 3:16-17 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

¡Qué maravillosas palabras del Padre del universo! Tú eres mi Hijo y te amo y tengo complacencia en ti. Pensar que Dios nos está diciendo esas palabras a nosotros – no por nuestras buenas obras, sino simplemente por nuestra conexión con él a través de su Hijo.

Efesios 1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.

 

Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad [autoridad] de ser hechos hijos de Dios.

 

1 Juan 3:1   Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

Al aceptar estas palabras del amor del Padre, nuestras mentes dejan de ser hostiles a él y a su ley protectora. La aceptación de las palabras “TU ERES MI HIJO AMADO” rompe el poder de la falta de valor y la mentira de la serpiente. Restablece nuestra verdadera identidad como hijos dependientes, y abre la puerta para una relación con Dios en su reino relacional.

Esta declaración es la bendición por la cual ansiamos, y nos quita la necesidad del orgullo por nuestros logros – Dios está orgulloso de nosotros simplemente porque somos sus hijos. Esta declaración nos quita nuestro sentido de falta de valor – no necesitamos sentirnos inútiles por no tener logros.

Estas palabras de bendición fueron diseñadas originalmente para ser transmitidas mediante el canal de nuestros padres terrenales, como se revela en Proverbios 17:6 – la gloria de los hijos son sus padres. Pero el pecado ha nublado nuestra visión de este canal, y en muchos casos, ha cortado el canal, de manera que la mayoría de nosotros vivimos una vida de mucha maldición – tratamos de existir, sin poseer un sentido verdadero de aceptación.

La buena nueva es que en Jesús tenemos al Padre original y perfecto – la fuente de todos los buenos padres; y Dios nos comunica, a través de su Hijo, de que nos ama y acepta.

Además de esto, porque Jesús aceptó las palabras de su Padre, nosotros tenemos acceso a esta mentalidad de aceptación.

1 Juan 5:20 Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Corintios 2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Al aceptar a Cristo, desciende sobre nosotros la bendición de pensamientos de que somos aceptados, y recibimos el deseo de responder. Recibimos como dádiva, a través del canal de bendición, la misma respuesta que Jesús le dio a su Padre. Ésta es una muy buena noticia.

No necesitamos luchar con dudas, si creemos que incluso la aceptación de tal dádiva la realizó Jesús mismo en su bautismo.

La aceptación de nuestro estado como hijos o hijas es un paso vital para luego poder aceptar la muerte de Jesús por nuestro desafecto y rebelión hacia Dios debido a la mentira de la serpiente.

c. Aferrándonos por fe al hecho de ser hijos de Dios

Satanás sabía que si la gente aceptaba que eran hijos de Dios por fe, entonces su obra de hacerlos rebelar sería mucho más difícil. Si Jesús era libre para creer que era el Hijo de Dios como ser humano, él sabía que esto podía transmitirse hacia nosotros mediante el canal. Satanás tenía que hacer algo para prevenir que Jesús creyese que era acepto como ser humano.   Éste es el trasfondo de la batalla en el desierto.

Mateo 4:3-10 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.

Dios habló a su Hijo, diciendo, “Tú eres mi Hijo.” Cuando Satanás se acercó a Jesús, comenzó con la palabra “si”: “si tú eres el Hijo de Dios”. En aquella palabra “si” había un ataque a las palabras de Dios. Dios había dicho, “Tú eres mi Hijo”. Satanás dice, ¿es realmente verdad eso?

Satanás le sugirió a Jesús que, en lugar de simplemente confiar en la Palabra de Dios, que utilizara sus esfuerzos para probar que era el Hijo de Dios. Si Jesús respondía a esta tentación, entonces hubiera dudado de la Palabra de su Padre, y hubiese estado de acuerdo con Satanás de que se es hijo por una demostración de poder – poder inherente. Al resistir la tentación de Satanás, Jesús adquirió, para la humanidad, una mentalidad que confiaba en la Palabra de Dios como la única base de su estado de hijo, sin que hubiera necesidad de probarlo a través del poder. Es tan maravilloso tener un Salvador que se rehúsa demostrar, por su poder, que es hijo; que simplemente confía, a través de su relación con su Padre, de que es aceptado. No hay dudas de que Jesús tenía el poder de transformar piedras en panes. Tenía el poder de hacer lo que él quisiera. Pero había una cosa que el Hijo de Dios jamás haría: utilizar su poder para probar su identidad – eso sería contrario a su mismo ser. Siempre ha sido, y siempre lo será.

d. Su victoria es nuestra

La elección de Jesús de creer únicamente en la Palabra de Dios como base de su aceptación, es un tesoro que recibimos mediante el canal de bendición, cuando aceptamos a Cristo. ¿Te cuesta creer únicamente en la Palabra de Dios, de que eres un hijo de Dios? Jesús ya conquistó esta duda, y si crees esto, entonces, la victoria de Cristo sobre Satanás es automáticamente tuya. Podemos tener fe en la Palabra de Dios a través de la fe de Jesús. Esto no es simplemente fe en Jesús, sino la fe de Jesús que recibimos como Hijos de Dios.

Como nos dicen las Escrituras:

Gálatas 4:4-7 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

El Espíritu de Cristo, fluyendo hacia nosotros a través del canal, es lo que nos hace clamar “Padre” por fe. Las palabras mismas son las de Cristo revelado en nosotros. Lleva un tiempo comprender plenamente este concepto, pero un simple ejemplo es la historia del árbol que fue cortado y echado al agua amarga para hacerla dulce.

Éxodo 15:23-25 Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. 24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? 25 Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;

La fe de Jesús en la Palabra de su Padre es como el árbol que transformó las amargas aguas de la duda humana en algo dulce y bebible.

Ahora hemos dado un breve vistazo tanto del sistema de restauración del canal de bendición (a través del santuario), como del medio por el cual Dios se encargó de los valles y montañas que obstruyen este sistema (la aceptación mediante el hecho de ser hijos de Dios).

Antes de continuar desde la época de Cristo en la tierra, necesitamos volver a la historia de Israel y cómo lidiaron con este sistema del santuario. Satanás no se quedaría quieto; no permitiría que Israel mantuviera intacto este sistema de culto. Se propuso atacar a Israel hasta que, una vez más, estuvieran en la esclavitud, y el camino angosto a través de las montañas y valles quedara perdido, junto con la carretera que llevara de regreso a los mandamientos de Dios y su santuario.

Satanás utilizaría a los descendientes de Nimrod para intentar prevenir que los descendientes de Abraham mantuvieran vivos el reino familiar.