Mi Amado - Capítulo 9 - La luz del mundo

Publicado Dic 05, 2013 por Adrian Ebens En Mi Amado Aciertos: 796

 

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Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino. Salmo 119-105.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan 1:4.

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.

A medida que mi mente se abría a la realidad de que Jesús es realmente un Hijo, varios pasajes de las Escrituras repentinamente se inundaron de luz. Puesto que Jesús es la piedra angular, todas nuestras percepciones de la verdad están conectadas con la forma en que lo percibimos a él. Como la “segunda persona de la trinidad”, mi percepción del Hijo era de alguien que hizo grandes cosas con sus propios recursos. Estas percepciones no eran evidentes para mí, pero se manifestaban en la forma en que leía las Escrituras y me relacionaba con aquellos que me rodeaban.

Aunque no tenía todas las respuestas acerca de la trinidad, la verdad sobre la filiación cambió la piedra angular de mi fe, y esta nueva piedra preciosa angular comenzó lentamente a poner todas mis creencias en armonía con ella. El dios que había entronizado desde mi infancia se enfrentaba a un serio desafío. Aunque en parte todavía percibía a Jesús como todopoderoso exclusivamente por medio de sus propios recursos, el concepto de su verdadera condición de Hijo me permitió comenzar a copiar este principio en mi vida. Comencé a imitar a uno que recibe, que es bendecido por su Padre, y esto empezó a cambiar todo.

Un sábado, mientras caminaba a través de un hermoso entorno rural cerca de mi casa, me puse a pensar en el nacimiento de mi hijo. Mientras repasaba el momento de su nacimiento, evocaba los pensamientos de mi corazón en ese entonces. Mientras sostenía a mi hijo, yo había orado: “Señor, por favor, no dejes que nada se interponga entre mi hijo y yo, y ruego para que él llegue a conocerme por lo que soy”. Ahora que estaba predispuesto a ver a Jesús como Hijo real, también estaba presto a escuchar esta respuesta clara procedente de mi Padre celestial mientras caminaba en ese tranquilo sábado.


“Eso es lo que siento por ti”.

Me quedé atónito. Mi cambio en el entendimiento de quién era Jesús, me permitió percibir el verdadero poder en esta declaración. Dios me estaba diciendo que no quería que nada se interpusiera entre él y yo; que sólo deseaba que yo le conociera por lo que él es. Ahora que percibía que Jesús era un Hijo, podría verdaderamente imitarlo y creer que yo también era un hijo en mi propia esfera. La condición de Jesús como Hijo aseguró mi filiación al Padre. Sólo a través del Hijo de Dios podría comenzar a entender esto.


Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Juan 20:17.

 

Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. Efesios 1:6.

A pesar de este nuevo entendimiento, cuando me di cuenta de lo que nuestro Padre celestial estaba diciéndome, sentí una ola de resistencia dentro de mi alma. El tentador me recordó mis fracasos y las razones por las cuales era indigno de ser hijo de Dios. Esta guerra iba y venía en mi mente en cuanto a si podía o no reclamar el título de hijo y que el Todopoderoso del cielo y la tierra deseaba estar cerca sin que nada se interpusiera entre nosotros. Parecía un sueño muy difícil de creer. Mi Padre celestial me habló en voz queda: ¿Realmente rechazarías mi oferta?

“¿Qué estoy haciendo?” Me dije. “No Señor, elijo creer que me quieres como a un hijo. Realmente no lo entiendo, pero lo creo”.

La condición de Jesús como Hijo se convirtió en la piedra angular de mi propia filiación. Al contemplar su filiación, podía reclamar la mía. La luz que había en el Hijo inundó mi alma. Todo estaba ocurriendo dentro de mí sin ninguna comprensión de cómo se relacionaba con la trinidad. La reconstrucción de la nueva piedra angular fue un proceso gradual.

Mi nuevo sentido de la filiación me hizo tener una mayor conciencia de mi dependencia de mi Padre. Un día, mientras leía:


Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; (5) sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Génesis 3:4-5.

De repente me di cuenta de que el principio de independencia y auto-suficiencia estaba contenido en esta mentira. En rápida sucesión, caí en cuenta de que la independencia significa la pérdida de la bendición, lo cual significa la pérdida de valor. Estos pensamientos fueron el génesis de la serie Guerras de Identidad que presenté poco después. Esto fue seguido por el libro Guerras de Identidad.[1] Aunque no estaba al tanto de cómo este cambio de pensamientos estaba ocurriendo, no obstante, el cambio de la comprensión de Jesús como un Hijo verdadero pronto condujo a un fundamento de herencia, lo que llevó al principio de la bendición, que a su vez dirigió a la comprensión del valor a través de la relación en oposición al valor a través de los logros.

Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que Satanás realmente sentía que él no valía nada debido a esta mentira de auto-suficiencia. Si todo lo que somos y hacemos viene de Dios, entonces sólo experimentaremos la felicidad, alegría y paz cuando recozcamos a aquél que lo dio. El Hijo de Dios vive y respira esto perfectamente. Él no hace nada por sí mismo, sino que reconoce al Padre como la gran fuente de todo. Sin embargo, Satanás rehusó reconocer que todo lo que él poseía venía de Dios a través de Cristo. Esto lo despojó de la bendición del Padre, lo que a su vez lo convirtió en aquel que dio origen a la inutilidad. Entonces pude ver que las semillas de esta carencia de valor estaban acompañadas por la mentira dicha a Adán y Eva en el jardín. La inutilidad estaba oculta en la mentira de la auto-suficiencia.

Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia,

Amaréis la vanidad, [lo que es carente de valor][2] y buscaréis la mentira? Salmo 4:2

Conectar la mentira de Satanás con la búsqueda de valor a través de los logros, arrancó las capas de engaño que el tentador había practicado en mí. La necesidad de ser apreciado por mis esfuerzos en la iglesia, la necesidad de estar siempre ocupado, la crítica hacia los demás por sus fracasos, todo comenzó a ser revelado a la luz de que nuestra valía no proviene de lo que logramos, sino de a quién pertenecemos.

De la misma mentira de la serpiente, empecé a ver con más claridad que la vida se recibe desde lo alto. Yo había creído esto en teoría anteriormente, pero como había entendido a la piedra angular de mi fe como una persona de total auto-suficiencia, mis pensamientos se habían vuelto confusos. Entonces estos pasajes bíblicos me sorprendieron:


El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, (25) ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Hechos 17:24-25.

 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. (16) Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. (17) Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; Colosenses 1:15-17.

Él le da vida y aliento a todos los hombres. Por medio de Jesús, todas las cosas subsisten, o se mantienen unidas. Estos pensamientos brillaron con nueva luz frente a la verdadera condición de Jesús como Hijo. Yo no entendía cómo estaban conectadas todas estas cosas pero el nuevo edificio de enseñanzas bíblicas estaba tomando forma, todo de acuerdo con la piedra angular de la filiación.

Mi Amado se volvió mucho más atractivo a medida que la luz de su filiación inundaba las Escrituras. En pocos años, toda mi comprensión del Gran Conflicto entre Cristo y Satanás y el plan de la salvación se alteró radicalmente. Ahora, mientras que la Luz del mundo abría mi mente, yo estaba listo para un verdadero festín de la palabra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Ver www.identitywars.org

[2] NKJV