4. La hechicera y su aprendiz

Publicado Ene 07, 2013 por Adrian Ebens En El orden evangélico Aciertos: 1,337

A medida que hemos examinado el amor original que existía en el jardín del Edén, encontramos en la persona de Adán y Eva un motor de amor perpetuo que fue diseñado para fluir a la población de la tierra prometida. El flujo de bendiciones de Adán a Eva y el retorno de agradecimiento de Eva a Adán mantendría un suministro constante de combustible para los dos miembros mientras se mantuviesen anclados a los origenes de supremaciá y sumisión y el constante recordatorio de que todo lo que poseían les fue dado mediante el ágape de nuestro dadivoso Dios.

No se nos dice cuánto tiempo continuó este movimiento de amor en el jardín, pero lamentablemente acontecieron eventos que causarían que este motor se parara en seco. Queremos examinar cuidadosamente estos acontecimientos y considerar cómo se destruyó y se remplazó el amor original por el amor caído al cual conocemos como eros.

Por cualquiera que sea la razón Eva se encuentra frente al árbol prohibido, reflexionando sobre el significado del mandamiento de Dios de no comer de su fruto. Una voz inteligente que proviene de una serpiente despertó su curiosidad tanto como su preocupación y la mantuvo paralizada.

La cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Gén 3:1

Eva estaba consciente de que Dios le había dado todo a su marido y que ella poseía todas estas cosas de Dios a través de él. La pregunta en relación a una orden directa de Dios fue un intento de poner duda en la mente de la mujer acerca de lo que era verdad. La idea de dudar acerca de lo que Dios había dicho era nuevo para Eva y mientras más tiempo se quedaba dialogando con la serpiente, más se apartaba de su posición en la creación de Dios.

La tentación de defender a Dios era una invitación a salir del canal de bendición. La pregunta era una invitación para que Eva resolviera el asunto sola, para hacer que se olvidara que ella no debería haber hablado con un interlocutor desconocido sin el manto de protección de su marido. Esto debería haber sido suficiente para que ella se alejara sin decir una palabra.

Tenemos un indicio de que Eva no estaba completamente relajada en su respuesta. Como suele ser el caso cuando experimentamos miedo o estamos bajo presión, a veces exageramos el caso pensando que el enriquecimiento adicional de palabras evitará la penetración de la idea en nuestras mentes.

Gén 3:2-3 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; (3) pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

¿Pero, qué fue lo que Dios realmente le dijo a su esposo, que después él le instruyó a ella?

Gén 2:17 Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Dios había dicho que si lo comes morirás, y Eva en su ansiedad agregó que si lo tocas, morirás. Esta era la oportunidad perfecta para que Satanás atacara. Colocar la fruta en sus manos la enfrentaba ahora con la aparente evidencia que al sostenerla en sus manos ella realmente no estaba muerta. De su propia boca había salido la evidencia necesaria que Satanás necesitaba para probar que Dios estaba mintiendo.

Su confianza de que podía manejar esta situación sin necesidad de su protector ordenado la llevó al punto donde parecía claro que Dios no estaba diciendo la verdad. Su deseo de defender a Dios abrió el camino para que Satanás hiciera que ella dudara de Dios. ¡Qué astuto el enemigo! ¡Qué seductores sus argumentos!

Eva no sabía que se estaba comunicando con un espíritu maligno. No con cualquier espíritu maligno, sino con el padre de todos los espíritus malignos. Se podría argumentar que la mujer no tenía idea de lo que le estaba pasando, pero sabía lo suficiente como para no actuar en confianza propia sino más bien correr a los brazos del hombre de quien había recibido todas las cosas, quien le había sido dado por Dios para ser su protector y escudo espiritual.

Al ver que la mujer se enfrenta ahora con evidencia irrefutable que Dios no es digno de confianza, él da su golpe contra ágape en su guerra para establecer la supremacía de eros.

Y la serpiente dijo a la mujer: “Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal.” (NBLA)

La declaración “ciertamente no moriréis”, contiene la semilla de la herejía mortal y venenosa de que nuestra vida no depende de Dios, sino que es algo que poseemos naturalmente. Añádase a esto la idea de que podemos adquirir cosas en el mundo natural para mejorar nuestras vidas, nuestro poder y nosotros mismos. Esta mentira, si es entretenida, acabaría con el sentido natural del aprecio que la mujer sentía hacia el hombre, debido a que ella salió de él, y recibió su vida de él.

 En segundo lugar ya ella no necesitaría sentir aprecio por el mundo natural a su alrededor que se le había dado porque por su “valentía,” y su esfuerzo había encontrado una sustancia que podría elevarla a su verdadera identidad como una diosa. Mas nunca se sometería al sufrimiento del “dominio y control masculino”, había encontrado otro camino hacía Dios y el camino era a través de ella; ese camino era el simple reconocimiento de su divinidad inherente revelado por la sabiduría de la benéfica serpiente.

Las palabras de la serpiente surtieron efecto porque de repente vio algo en la fruta.

Gén 3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió.

La simiente de la serpiente la hizo ver el árbol como algo inherentemente bueno, como algo placentero a los ojos. Se sintió atraída por las cualidades inherente de este árbol y al comer de su fruto selló su decisión de aceptar la nueva percepción de la realidad que estaba opuesta a lo que Dios había dicho.

En caso de que se pierda lo que acaba de ocurrir aquí, vamos a repasar esto con mucho cuidado. Eva estaba hablando con un espíritu maligno. Cuando ella comió del fruto y decidió a favor de lo que el espíritu le dijo, ella lo invitó a tomar el control de su mente. Por lo tanto, cuando se acercó a Adán estaba poseída por el demonio. Peor aún, ella vino trayendo el mensaje del espíritu maligno que prometía poderes mágicos para llegar a ser como Dios, y eso define a nuestra primera madre una hechicera.

Cuando la mujer regresa del árbol que está bajo el control de Satanás, y viene a su marido, lo hace no como la esposa sumisa, sino como la maestra de una nueva religión. Cuando Adán está frente a Eva vemos la prefiguración de los hombres a través de los siglos que han estado delante de los oráculos femeninos como Delphi y otras que han prometido el conocimiento de su futuro destino. Mientras Adán contempla a su mujer que era hueso de sus huesos, él entra en contacto con un espíritu que ya no lo reconoce como su cabeza y benefactor. Ella había encontrado otro compañero del alma, otro maestro que le había prometido todo lo que su corazón deseaba sin la necesidad de someterse a nadie. Ella ha venido, no a ser enseñada, sino a enseñar, no a someterse, sino a ordenar sumisión. Este espíritu femenino ahora gobernado por las fuerzas de la oscuridad es ahora el medio seductor para convencer a Adán de ser su aprendiz.

No es el espíritu de gratitud el que se eleva hacia la mente de Adán procedente de Eva, sino otro Espíritu. Un espíritu inquieto y excitable, un espíritu erótico y embriagador, un espíritu seductor y engañoso. Mientras la mira, ella está ahora enviándole señales visuales y las feromonas de que el la complace, y usa su cuerpo como un arma de ataque para atraer a Adán hacia la esclavitud de su nueva forma divina inherente. Adán escucha el llanto de serpiente/sirena de esta hechicera quien se presenta a sí misma, no como su amada esposa, sin saber que ella es realmente un vampiro tratando de alimentarse de su cuerpo y convertirlo en el Nimrod/fénix. Hubiera sido bueno que Adán recordara:

Prov 6:23-26 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen, (24) Para que te guarden de la mala mujer, De la blandura de la lengua de la mujer extraña. (25) No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; (26) Porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan: y la adultera se va de caza en pos de la preciosa vida.

Adán lucha con la serpiente a través del medio de la hechicera. A través de ella, el aplica sus poderes mágicos tratando de atraerlo a la nueva religión. En su manos promete la vida pero en su corazón Adán sabe que esto es la muerte.

Pro 2:16-18 Serás librado de la mujer extraña, De la ajena que halaga con sus palabras, (17) La cual abandona al compañero de su juventud, Y se olvida del pacto de su Dios. (18) Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, Y sus veredas hacia los muertos.

Adán no se da cuenta de que su mujer ya está muerta; la mujer sumisa, obediente, cuyo corazón está lleno de gratitud a Dios a través de su marido murió al pie del árbol del conocimiento. Como hijo de esta mujer, yo me lamento por ello, mi pobre, dulce madre, asesinada en el árbol de la vida y remplazada por un espíritu tan malvado como el mismo infierno. Aún más, el espíritu dulce y sumiso que residía en el corazón de Eva era en verdad el Espíritu de Cristo, y al comer el fruto, clavó a Cristo en la cruz, y por ende se convirtió en el Cordero inmolado desde la fundación del mundo.

¿Esperó Adán en vano que al comer el fruto, él podría entrar en esta tierra oscura y rescatar a su pobre esposa? ¿ Se sintió seguro que al entablar un dialogo con el diablo le vencería? Cuando pienso en nuestro padre Adán y el trauma que enfrentó, mi corazón se acerca a él en tristeza y quiero clamar, “¡Por favor padre! ¡Por favor no peques contra nuestro Padre ágape! Pero ¡ay! Mi grito no llega a sus oídos y él come de la fruta.

El nuevo orden mundial se estableció; Adán se convirtió en el esclavo de la mujer. Ella sería la maestra y él sería el estudiante o aprendiz. Ahora habría parte del Hombre que miraría a la mujer para obtener vida. Sin embargo, habiendo tomado el fruto, también él tendría sentimientos de determinación de nunca ser gobernado por ella ni por nadie. Ahora ellos pueden entablar la batalla de los sexos para pelear por el derecho de controlar. Como creemos que la otra persona tiene algo de poder intrínseco, la vida se convierte en una batalla de poseer y controlar los objetos hacia los cuales se sienten atraídos.

La pureza y la inocencia del motor de amor original que traería bendiciones de la cabeza a la persona en sumisión fue remplazado por un juego de atracción y repulsión mutua. Este era el nuevo mundo donde supuestamente los opuestos se atraen. La nueva religión enseña que cada alma tiene inmortalidad y que podemos aumentar nuestro poder inherente al fusionarnos con otro ser inmortal. El secreto de esta nueva forma de amor erótico consiste en atraer a una pareja para mejorar, pero nunca permitirle que nos domine. La nueva experiencia de la intimidad masculina y femenina es una de seducción mezclada con cuidadosa manipulación; un proceso de revelar el cuerpo pero esconder el espíritu.

La hermosa experiencia de amor que proporciona movimiento circular perpetuo en los vínculos de aprecio y respeto es remplazada con la nueva y cruda realidad de acá para allá, atracción mutua y repulsión; placer momentáneo que da paso a sentimientos de vacío e incluso asco. [1] Siempre buscando, pero nunca satisfecho. Los nuevos movimientos de los hombres y las mujeres no eran un círculo de amor que dispersaría el Espíritu de Cristo a todo el mundo, sino más bien una succión magnética que consume todo a su paso como un agujero negro siniestro. El genio del motor ágape es que ambos elementos en el motor saben que todo lo que le tienen se les ha dado y debido a que Dios es ágape él nos dará todo lo que necesitamos. Por el contrario, el motor eros debe buscar y poseer por sí mismo y por lo tanto nunca está contento o satisfecho.

  Viene como un choque el pensar en Eva como una hechicera endemoniada. Al igual que cuando Adán miró a Eva y sintió de alguna manera que alguien tan hermosa y tan delicada como ella no podía ser tan mala como lo que estaba sugiriendo. Hoy en día la gente tiende a pensar que lo que Eva hizo fue algo sin importancia. No hay duda de que ella fue engañada y no entendía lo que le había pasado, pero eso solo hizo que Satanás la usara de un modo más mortífero para causar la caída de Adán. ¿Quiere eso decir que el hombre debería culpar a la mujer por la caída? Por supuesto que no. El destino de la raza humana estaba primordialmente en sus manos, y él tomó la decisión fatal como la cabeza de la familia humana. La supremacía significa que Adán fue el responsable de la caída de la raza, pero para entender cabalmente los problemas entre hombres y mujeres tenemos que entender lo mejor posible lo que ocurrió en el principio y cómo caímos de ese amor original.

La Biblia dice que “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” El hombre es de doble ánimo en que siente que es a la vez maestro y esclavo de la mujer. Él quiere de ella preciosos tesoros y espera que ella provea lo que él necesita, y al mismo tiempo el desea controlar y dominarla. Esta mentalidad doble ni siquiera se refiere al plan de Dios para atraer al hombre de regreso a ágape que le daría el deseo de bendecir a su esposa y la esperanza de obtener su respeto y el honor de su supremacía. Como la sacerdotisa de la nueva religión la mujer desearía tener al hombre en atención como su soldado y al mismo tiempo sentirse enfatuada y temerosa de su fortaleza y su carácter combativo.

No es exagerado afirmar que dos seres que buscan sacar provecho uno del otro, mientras que también están tratando de dominar a los demás sólo pueden autodestruirse. Los principios del consumismo y la dominación no tienen capacidad para comprender la eternidad porque son inherentemente destructivos. Sin la introducción de una nueva semilla de la experiencia humana, el motor de eros de mutua atracción y repulsión habría terminado en el mismo jardín. Aunque el Espíritu de Cristo fue rechazado en la caída del jardín, la promesa de su muerte como la simiente de la mujer, abrió la puerta a un remanente de Adán para ser reclamada al reino de ágape.