He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo - Introducción y contenido

Publicado Feb 15, 2013 por Robert J. Wieland En El precioso mensaje de 1888 Aciertos: 938

Sobre el autor, introducción y contenido


? Sobre el autor

? Introducción

  1. 1.En un callejón sin salida
  2. 2.¿A quién se dirige el mensaje?
  3. 3.¿Cómo empezó el problema de "y no conoces"?
  4. 4.La culpabilidad oculta, en la historia sagrada
  5. 5.La verdadera purificación de toda maldad
  6. 6.Nuestra historia denominacional y el mensaje a Laodicea
  7. 7.Los remedios divinamente señalados: "oro"
  8. 8.Los remedios divinamente señalados: "vestiduras blancas" y "colirio"
  9. 9.Epílogo: El Cantar de los Cantares y el mensaje a Laodicea
  10. 10.Apéndice: Algunas declaraciones de E. White sobre el pecado no reconocido

Sobre el autor

El ministerio del autor incluye 20 años como pastor adventista en Estados Unidos y 24 años en la obra misionera adventista en África, como director departamental, fundador de La Voz de la Esperanza de África del Este, y autor y editor de "Africa Herald Publishing House". También Consultor de "Adventist All Africa Editorial". Actualmente dirige el "Comité para el estudio del mensaje de 1888".

Ningún otro tesoro oculto pudo haber fascinado tanto al pastor Robert J. Wieland, como su descubrimiento juvenil de que el mensaje de la justicia de Cristo constituye "el mensaje del tercer ángel, en verdad". Esa noción ha dado un toque distintivo a su ministerio. Durante 34 años se ha sentido movido a cavar profundamente en los sucesos enterrados del mensaje e historia de 1888, descubriendo que durante casi una década, E. White apoyó ese mensaje en más de 300 ocasiones, con calificativos como "preciosísimo", "exactamente lo que el pueblo necesitaba", un "trago de las aguas de Belén", el sorprendente "comienzo" de la tan esperada lluvia tardía y fuerte clamor de Apocalipsis 18.

Sin embargo, el autor se apercibió de que una obra que la inspiración había predicho que se extendería "como fuego en el rastrojo", se detuvo por más de un siglo. Su conclusión: algún enemigo ha intentado apagar el fuego que el Señor mismo encendió.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo (escrito en 1974), explora la relación entre el mensaje especial de Cristo a la iglesia de Laodicea, y nuestra extraña resistencia a responder a su amante invitación, contenida en el mensaje de 1888. El hecho resulta por demás inquietante. El autor rastrea nuestros problemas denominacionales hasta una primera causa básica: no permitimos la entrada a aquel Amante celestial que ha estado llamando a nuestra "puerta" durante más de un siglo. Es su convicción que el Señor llama todavía, y que hay una solución esperanzadora: el arrepentimiento denominacional que demanda el mensaje del Testigo fiel.

La iniciativa de publicar este libro en el formato actual no pertenece al autor. Se debe a la súplica insistente de pastores y laicos, que el lector no dudamos compartirá, tras explorar su contenido.


Introducción

Si el orador invitado a nuestra iglesia el sábado próximo fuese Jesús mismo, ¿cuál sería su mensaje?

La respuesta es sencilla. Él es ya el orador invitado, y su mensaje es fácilmente asequible a todos. Es el mensaje dirigido "al ángel de la iglesia de Laodicea".

Durante toda una década hemos probablemente predicado y escrito más sobre el mensaje a Laodicea que sobre cualquier otro tema concreto. Sin embargo, por alguna extraña razón, el cambio al que el mensaje apela parece no haberse nunca producido. A medida que las décadas se suceden inexorablemente, da la impresión de que la trágica condición espiritual que hace necesario el cambio, no ha hecho sino agravarse.

¿Acaso, de tanto repetirlo, el lenguaje de Apocalipsis 3:14-21 ha perdido para nosotros el significado? ¿Nos hemos autoflagelado periódicamente con arengas basadas en tal mensaje, hasta aburrir ese ritual masoquista?

¿Cuándo se predicará definitivamente el sermón sobre el mensaje a Laodicea que resulte en una acción acorde con el "consejo" dado por el Testigo fiel y verdadero?

Este libro no pretende ser una repetición de los clichés desgastados, en un espíritu de señalar defectos. Se trata, por el contrario, de contemplar el mensaje del Señor desde una perspectiva inhabitual: la del mensaje de 1888 de la justicia de Cristo. Las familiares palabras de Jesús a la séptima iglesia, pueden tomar un nuevo y sorprendente significado a la luz de nuestra historia posterior a 1888. Se convertirán en "verdad actual".

Es el plan de Dios que la verdad conduzca a su pueblo a una perfecta unidad de acción. Que los principios aquí presentados contribuyan a que nos unamos todos sobre el fundamento de la verdad eterna, de tal modo que aprendamos a glorificar a nuestro Señor, tanto de forma individual como corporativa, obrando verdaderamente en armonía con su "consejo" dado en el mensaje a Laodicea. Oímos voces estridentes afirmando que no hay esperanza para la iglesia. Pero la hay, si hacemos lo que el Señor dice: "Sé pues celoso, y arrepiéntete".

"El Señor ha declarado que la historia del pasado se repetirá cuando entremos en la obra final". (E. White, MS-129, 1905 –Mensajes Selectos, vol. 2, p. 449–)

"Una y otra vez se me ha mostrado que las experiencias pasadas del pueblo de Dios no deben tenerse por hechos agotados. No debemos considerar el registro de esas experiencias como lo haríamos con un calendario del año pasado. El registro debe mantenerse en la mente, ya que la historia se repetirá". (E. White, MS. D-238, 1903)