El costo

Publicado Mar 14, 2013 por Robert J. Wieland En Pan de cada día Aciertos: 654

¿Qué es la fe? ¿Cuál es la esencia de la fe salvífica de la que nos habla la Biblia? Las respuestas típicas, son: "La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11:1), "la llave que abre los almacenes del cielo", "el aliento del alma", etc. En muchos casos no se trata tanto de definiciones, como de una enumeración de algunas de sus características, o de aquello que es capaz de efectuar la fe.

Nunca olvides que "la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios" (Rom. 10:17). Eso significa que la fe no es la mera convicción o seguridad de algo, o en algo o alguien. Sólo puede existir fe si el objeto de esa creencia está respaldado por la Palabra. El estar muy seguro de alguna cosa, no es necesariamente lo mismo que la fe. No puede existir fe sin la Palabra, puesto que es sólo oyendo esa Palabra como se desarrolla la fe. Dijo el centurión a Jesús: "solamente di la palabra y mi criado sanará". Al oírlo, Jesús afirmó maravillado: "Ni aún en Israel he hallado tanta fe" (Mat. 8:5-13). Hay muchos cristianos que tienen la seguridad de que el día de reposo fue cambiado del sábado al domingo. Están seguros. ¿Es eso fe? ¿Dónde afirma una cosa así la Palabra? Otros igualmente sinceros, están seguros de que no pueden hacer nada por evitar que se cumplan las predicciones de su horóscopo. Evidentemente, eso tampoco es fe, por más seguros que estén. No es lo mismo fe que convicción, o persuasión.

Si se comprende que la fe depende estrictamente de la Palabra, toda distorsión de ésta última significará una distorsión de la propia fe. Muchos cristianos creen que el alma es inherentemente inmortal. Están seguros de eso; pero hay un problema: la Biblia dice lo contrario (Gén. 2:17; Eze. 18:4; 1 Tim. 1:17; 6:16). El origen de la teoría de la inmortalidad del alma no es ciertamente la Palabra; al menos, no la palabra de Dios (Gén. 3:4).

¿Cómo afecta esa distorsión de la Palabra a la fe? Todo aquel que "cree" en la inmortalidad natural del alma es incapaz de comprender lo que sucedió en la cruz de Cristo. El sacrificio eterno e infinito, la paga de los pecados del mundo –la vivencia de la muerte eterna-, viene a convertirse en un mero padecimiento físico que en nada es diferente al que otros muchos mártires han conocido, seguido inmediatamente de una placentera excursión por el paraíso. La primera y única MUERTE que este mundo ha conocido hasta ahora (Col. 1:18; Apoc. 1:5) queda entonces degradada y convertida en un simple sueño. Esa visión imaginaria oscurece y empequeñece la auténtica dimensión de lo que es la fe, especialmente a la luz de Apocalipsis 14:6 y 7. Es mejor esa aproximación, que no tener ninguna fe, como es mejor un Ford "T" que un carro de bueyes; pero ¿acaso no es nuestro privilegio y responsabilidad el que "crezcamos" y superemos nuestras concepciones infantiles (Efe. 4:15)?

La inspirada declaración del apóstol está muy próxima a una auténtica definición de la fe, cuando afirma: "arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender... y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento" (Efe. 3:17-19). La que sigue es una profunda declaración escrita el 24 de julio de 1888 por una pluma consagrada: "Puedes decir que crees en Jesús cuando tienes una apreciación del costo de tu salvación. Puedes decirlo cuando tienes una fe inteligente y reflexiva en que su muerte hace posible que dejes de pecar, y que perfecciones un carácter recto mediante la gracia de Dios que te es otorgada como la compra de la sangre de Cristo".

Sólo apreciando el costo de nuestra salvación -comprada en la cruz de Cristo-, podemos cooperar eficazmente para que la tierra sea alumbrada por la gloria del evangelio eterno (Apoc. 18:1).