El amor de Dios

Publicado Mar 11, 2012 por Daniel Bernhardt En Estudio sobre la Divinidad Aciertos: 2,349

Vamos a repasar un tema inagotable, y como descubriremos a continuación, de importancia vital para cada uno de los seres humanos que pueblan esta tierra. Estudiaremos acerca del amor de Dios. El amor de Dios para con cada uno de los seres humanos. Para ello, comenzaremos leyendo lo que dice

1 Juan 3:1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios:

El mandamiento que nos da el Señor es: Mirad! Mirad. Contemplad. ¿Qué es lo que tenemos que contemplar? ¿Qué es aquello que debemos ver? Mirad cual amor nos ha dado el Padre. Mirar el amor que nos ha dado el Padre. Dios nos invita a que miremos su amor. Dios nos invita a que contemplemos su amor. Dios nos invita a que contemplemos el amor que nos ha dado el Padre. ¿Es propio a nosotros mismos dicho amor? De ninguna manera, sino todo lo contrario. Mirad cual amor nos ha dado el Padre. ¿Quién nos ha dado ese amor? El Padre. Dios no nos considera ajenos, alejados, extranjeros, sino hijos suyos. Mirad, dice el mandamiento, mirad cual amor nos ha dado el Padre. ¿Y en qué consiste ese amor? En que seamos llamados hijos de Dios. ¡Qué maravilla! Ese amor consiste precisamente en que seamos llamados hijos suyos, hijos de El, es decir hijos de Dios. ¿Por qué será que Dios nos pide que miremos su amor? ¿Qué consecuencias tiene el recibir este amor del Padre? Leamos lo que dice en:

Juan 14:23 Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi   Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.

El que me ama, mi palabra guardará. ¿No es maravilloso? Nos dice que todos aquellos que lo aman, guardarán su palabra. Este versículo es clave a la experiencia de todo hijo de Dios. Porque dice, el que me ama, mi palabra guardará. ¿Cuál es la condición para guardar la palabra del Señor? Amarlo. Amarlo a él. Pero no con mi amor, sino con el amor que él nos ha dado. Vemos aquí que todo el servicio a Dios puede provenir solamente de amor, de amor del ser humano para con su Creador. Todo lo que esté alejado de ello, no es más que vanos esfuerzos humanos. El amor a nuestro Creador es lo que me hace guardador de su Palabra. Y no otra cosa. Y quizás también por esa razón diga en

Mateo 22:37 Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu       alma, y de toda tu mente.

El primero y más grande mandamiento precisamente es amar a Dios, amarlo con todo mi ser. Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Aceptemos ese amor que nos ha dado, para amarlo con todo nuestro corazón. El primer y más grande mandamiento es un mandamiento que no se puede obtener por la fuerza. Es un mandamiento que no se impone. Es un mandamiento que obedece al corazón. No solamente con la razón, sino también con todo el corazón. Amar a Dios. El quiere que la relación con cada uno de sus hijos sea una relación basada en el amor, y no una relación basada en algún beneficio o perjuicio. Este amor pide la totalidad del hombre, la totalidad del ser, del corazón, de la mente. No reconoce otro Señor. Como quien está enamorado, no deja de pensar en el objeto de su amor, quiere estar con él, quiere charlar con él, quiere leer de él, es decir quiere de él. Por eso también dice que el que le ama, guardará su palabra. El siguiente versículo nos ayudará un poco más a establecer el orden en el cual se dan los acontecimientos.

1 Juan 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Nosotros le amamos simplemente porque él nos amó primero. Amamos cuando tomamos conciencia del amor con el que Dios nos amó primero. Y por eso dice “Mirad cual amor”. Amamos cuando sabemos de su amor. No antes. El nos amó primero, no nosotros a él. Guardamos su palabra, porque nos amó primero. Y si guardamos el primer y más grande mandamiento es simplemente porque vimos cómo Dios nos amó. Y naturalmente surge la pregunta,

¿Cómo podemos conocer el amor de Dios?
¿Cómo podemos observar el amor de Dios?
¿Cómo podemos mirar el amor de Dios?

1 Juan 4:9  En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

¿En qué se mostró el amor de Dios al mundo? En que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. Su amor se mostró en que envió a su Hijo. A su único Hijo. Mirad cual amor.  ¡Con que amor nos amó primero!. En esto se ha manifestado el amor de Dios para con nosotros, en que envió a su Hijo unigénito. Dios envió a su único Hijo para que tengamos vida. Si nos detuviéramos a estudiar, analizar y conocer este hecho, el hecho de Dios enviando a su Hijo unigénito, veríamos el amor de Dios. Allí es donde su amor nos sería revelado. Porque allí es donde se muestra el amor de Dios. Allí es donde conocemos el amor de Dios. Allí es donde miramos cuál amor nos ha dado el Padre. Y también dice en otro lado:

1 Juan 4:10  En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

El amor de Dios consiste en que envió a su Hijo como pago por nuestros pecados. Y de esta manera se responde, y no de otra, acerca de cómo conocer el amor de Dios. Es solamente mirando a su Hijo. Es solamente mirándole a El a través de su Hijo unigénito. Es únicamente contemplando, estudiando, haciendo el pan diario de mi vida y  considerando al misterio de la piedad, la encarnación, vida, obra, muerte, resurrección, ascensión y ministerio de nuestro Señor Jesucristo el Hijo de Dios. Y es solo así cuando le amaremos, porque conoceremos con que amor nos amó el primero. Y es solamente así que guardaremos su palabra porque le amaremos con el amor que él nos ha dado.

1 Juan 4:16-17 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.  Dios es amor;  y el que permanece en amor,  permanece en Dios,  y Dios en él. En  esto se ha perfeccionado el amor en nosotros,  para que tengamos confianza en el día del     juicio;  pues como él es,  así somos nosotros en este mundo.

Y este amor de Dios en la vida del hijo de Dios se perfecciona. Se perfecciona de tal manera que le otorga confianza en el día del juicio. Conoce de tal manera a Dios, y conoce su amor en tal forma que en el día del juicio tiene confianza. Y esto es porque así como él es, así somos nosotros en este mundo. De otra manera no sería posible tener confianza. En el día del juicio antitípico de la expiación, en el día de hoy más que nunca antes, necesitamos tener esa relación con el Padre y con el Hijo. Necesitamos tenerla más que nunca, porque hoy es el día del juicio. Hoy necesitamos conocer a Dios. Hoy necesitamos amarle. Hoy necesitamos que su amor en nosotros se perfeccione. ¿Y cómo es que se perfecciona el amor de Dios en nosotros?  Claramente están detallados los pasos. Estos son a.) conocer, b.) creer, c) permanecer. El amor de Dios se perfecciona en conocerlo, conocerlo a Dios y conocer su amor. El amor de Dios se perfecciona en creer en su amor. Esa fe que mueve montañas. En creer en su revelación de sí mismo, según las Escrituras y no conceptos de fabricación humana. Y el amor de Dios se perfecciona en permanecer en su amor, en permanecer en El, en permanecer conociéndolo, en permanecer creyendo. Y es esta permanencia en Dios, y de Dios en mí, cuando se perfecciona el amor que El me da. Te invito a que conozcas a Dios. Que lo tomes a Dios al pie de la letra en lo que dice. Este es el propósito de este trabajo. Y no solamente que lo conozcas, sino que creas en lo que El dice de sí mismo. Creer, solamente creer en su palabra. Y no solo que conozcas y que creas, sino que también permanezcas en ese conocimiento. Y mi deseo es que conociendo a Dios como él es, creyendo en lo que él dice de sí mismo y permaneciendo en ese conocimiento y creencia, podamos ser en este mundo así como él es.